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== Prólogo ==
===1 <ref name="PrólogoA">Así habló Zaratustra reproduce literalmente el aforismo 342 de La gaya ciencia; sólo «el lago Urmi», que allí aparece, es aquí sustituido por «el lago de su patria». El mencionado aforismo lleva el título Incipit tragedia (Comienza la tragedia) y es el último del libro cuarto de La gaya ciencia, titulado Sanctus Januarius (San Enero).</ref> ===

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Dices »yo« y te enorgulleces de esta palabra. Pero más grande que esto, aunque no lo creas – es el cuerpo y su gran razón: que no dice yo, pero obra yo.

Lo que el sentido siente, lo que el espíritu conoce, eso nunca tiene dentro de sí su final. Pero sentido y espíritu querrían persuadirte de que ellos son el final de todas las cosas: tan vanidosos son.

Instrumentos y juguetes son el sentido y el espíritu: tras ellos se encuentra todavía el sí-mismo
<ref name="sí-mismo">''Selbst''. Se traduce aquí, no por yo, como a veces se hace, sino por sí-mismo. Nietzsche contrapone ''Ich'' (yo) y ''Selbst'' (sí-mismo), como puede verse en el párrafo siguiente y, en general, en todo este capítulo.</ref>. El sí-mismo busca también con los ojos de los sentidos, escucha también con los oídos del espíritu.

El sí-mismo escucha siempre y busca siempre: compara, subyuga, conquista, destruye. Domina y es el dominador también del yo.

Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, hay un amo poderoso, un sabio desconocido – se llama sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.

Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y quién sabe para qué necesita tu cuerpo precisamente tu mejor sabiduría?

Tu sí-mismo se ríe de tu yo y de sus orgullosos saltos. »¿Qué son para mí esos saltos y esos vuelos del pensamiento?«, se dice. »Un rodeo hacia mi meta. Yo soy las andaderas del yo y el apuntador de sus conceptos.«

El sí-mismo dice al yo: »¡siente dolor aquí!« Y el yo sufre y reflexiona sobre cómo dejar de sufrir – y justo para ello ''debe'' pensar.

El sí-mismo dice al yo: »¡siente placer aquí!« Y el yo se alegra y reflexiona sobre cómo seguir gozando a menudo – y justo para ello ''debe'' pensar.

A los despreciadores del cuerpo quiero decirles una palabra. Su despreciar constituye su apreciar<ref name="despreciarapreciar">Véase ''Más allá del bien y del mal'' 78: «Quien así mismo se desprecia continúa apreciándose, sin embargo, a sí mismo en cuanto despreciador».</ref>. ¿Qué es lo que creó el apreciar y el despreciar y el valor y la voluntad?

El sí-mismo creador se creó para sí el apreciar y el despreciar, se creó para sí el placer y el dolor. El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad.

Incluso en vuestra necedad y en vuestro desprecio, despreciadores del cuerpo, servís a vuestro ser. Yo os digo: también vuestro ser quiere morir y se aparta de la vida.

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Ésta es ''mi'' mañana, ''mi'' día comienza: ''¡asciende, pues, asciende tú, gran mediodía!''« – –

Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas.

== Notas ==

<references />