Difference between revisions 548761 and 548762 on eswikisource'''<center>EL JUDAS TRAGICO</center>''' '''PRIMER ACTO''' A quien por vez primera oí hablar del hecho extraño, fue al general Visillac, casado con una hermana de mi padre y fanático por todo cuanto tuviere sabor añejo. Acercábase al siglo guardando intacta la memoria visual, y así fue como un día de 1936, cuando aún yo no había comenzado a atesorar pequeñas y grandes cosas de mi Restauración, Visillac, que pasó en ella su infancia mientras su padre estuvo al frente de la comisaría local, me llevó a recorrer los viejos lugares, reconocibles o perdidos, gozándose en evocar los que surgían de entre la niebla de sus recuerdos. Hechos y hombres pasaron en tropel, dejándome un sentimiento indefinible, que habría de fijar para siempre mi vocación histórica. Estiraba la mano hasta tocar los muros. Mimaba los cercos de Fontgibell, ladrillo, tuna y piedras que para él cantaban. Desfiló cuanto existía entonces; la plaza con sólo un ombú en el rincón norteño, frente a la arcada de los fondos de Marexiano, por donde se colaba en las noches Retentén para dormir vestido sobre una pila de cueros; el circo Olímpico, donde el inglés don Pablo repetía incansablemente su pantomima de “los dos toneleros burlados y el ladrón sutil”; el frontón en que, zaguero sin izquierda, maravillaba el vasco Ereño con la sotana recogida hasta la cintura; la mesa del ''“Café de los Federales”'' donde conoció a Lavalleja. Y un muro, al que el muchacho Visillac no quiso acercarse más cuando supo que la manea que colgaba de un clavo en esa pared de pesadilla estaba forrada con piel de hombre… Escudriñó un instante la calle Plata, y dijo: ''“Creo que antes se le llamó “callecita de la luna”.'' Luego, recostándose apenas contra el buzón de la esquina para examinar fijamente la arquitectura colonial frente a la cual nos habíamos detenido, me dijo midiendo las palabras, mientras se apretaba las sienes con sus dedos largos y amarillentos, como si esperara retener así el recuerdo que pugnaba por escaparse: -''“Frente a esta pared vi fusilar un judas”'' No sospechó nunca el general el significado de ese castigo extraño cumplido en acto público. El pueblo y la soldadesca estaban apeñuscados en torno al patíbulo, mientras disipábase el humo de la descarga y prorrumpía el populacho en broncos gritos cuyos ecos fueron a perderse en la tahona de Sico y los molinos de Pelayo. De esos alaridos uno solo guardaba el fiel oído: :-“¡Mueran los salvajes unitarios!”… :Ignorando entonces el pasado de mi pueblo, no sospeché yo tampoco el origen de ese odio volcándose en la efigie. Sólo atiné a preguntar: :“¿Qué edad tendría entonces, tío Pepe? :Y él contestó: :-“Ocho años.” :Y no se habló más, ese día. Por la noche tuve la sensación de haber asistido al rojo alumbramiento de la Restauración, en la que no nací pero bien saben los míos que es el lugar donde desearía terminar mi jornada. Cuando los Gracos hablaban al pueblo se hacían acompañar por un tocador de flauta, deliciosa y oculta. A ésta yo la siento aún, endulzando las palabras de Visillac, que me rodean todavía. La oigo cantar, sobre sus labios ya sellados. En marzo de 1848- ocho años iba a cumplir entonces el muchacho memorioso que nació en la Aguada el día de San Pedro –apareció este suelto en ''“El Comercio del Plata”'': ''“Con un sentimiento fácil de comprender, pero sin dolor ninguno, tenemos que anunciar a los lectores nuestra propia muerte, e invitarlos a nuestros funerales que deben tener lugar en la costa del Miguelete, si es que el señor Presidente de aquellas chacras lo permite. El día 7 del corriente fuimos solemnemente fusilados en la calle de la Restauración, habiendo aprobado don Manuel Oribe la sentencia, según hemos tenido noticia cierta. Nuestros lectores tendrán de hoy en adelante, que prestar a cuanto les digamos, más atención, pues nuestra voz vendrá de otro mundo, y la voz del otro mundo es siempre voz de verdad”.'' Escribió estas líneas el doctor Florencio Varela, cuando le restaban trece días de vida. Mientras Visillac aseguróme haber presenciado en su infancia, en la calle Real de la Restauración, y en medio de alaridos de odio y muerte la ejecución de un judas, tenía él también, voz de verdad. Pero era una voz que, por desconocimiento del pasado de mi pueblo, no tuvo, cuando la escuché, resonancia alguna, ni pudo tenerla tampoco para don Rafael Cufré que escuchaba junto a mí el relato lejano sin percibir, claro está, el encantamiento de su deliciosa flauta escondida. Ahora sí, tendrá esa voz otra resonancia en mi espíritu. '''SEGUNDO ACTO''' Con estas palabras comencé hace once años una serie de quince trabajos sobre el asesinato del doctor Florencio Varela. Y sin esperar la continuación del estudio recién iniciado, alguien atacó de inmediato ''“El judas trágico”'', al que consideró ''“bien trabado literariamente”'', pero al que negó en absoluto el menor mérito histórico. En el diario en que escribe totalizó luego diez artículos de dos columnas para demostrar lo que pretendía. ''“Los judas se quemaban o destripaban o fusilaban antes en los sábados santos, después de oído el alborozo de las campanas que a vuelo pregonaban aleluyas”.'' Eso afirmó mi impugnador hace once años. Agregó que ''“en otros días podía la indignación popular personificar en muñecos trágicos o grotescos a sus enemigos y pasearlos y zarandearlos por calles y plazas hasta que resultasen hechos piltrafas, pero aquellos para nadie se confundían con judas, sino que aparecían individualizados directamente”.'' Reconoció luego que el hecho que impugnaba no ocurrió en sábado santo, lo que es verdad porque tuvo lugar en el carnaval. De ahí que pudo estampar entonces, en el segundo capítulo de su refutación estas palabras definitivas: -''“Aunque el doctor Bonavita después de leernos-si lo hace- insista en sostener lo contrario, afirmamos categóricamente, con segura conciencia, que el dato que un día de 1936 le trasmitió oralmente el general Visillac, y en esencia se contiene en su frase: “Frente a esta pared vi fusilar un judas”, no tiene nada que ver con el episodio popular con quien lo identifica en su relato.”'' Sí, doctor Felipe Ferreiro. Tiene mucho que ver con el asesinato del director de ''“El Comercio del Plata”''. Pasados once años de haber asegurado categóricamente, con segura conciencia, lo que afirmó en 1948, en un diario de la mañana, yo me permito ahora sostenerle a mi vez, que el dato de Visillac se relaciona directamente con el crimen de Andrés Cabrera. No pude hacerlo hasta ahora, porque recién ahora dispongo del invalorable “Diario” de Antuña, que me aclara una a una tantas oscuridades del Sitio de Montevideo. Del ''“Diario”'' de ese hombre, figura consular del Cerrito, entresaco estas palabras: :''“Año 1848”'' :''“7 de Marzo”'' :''“Los vizcaínos voluntarios de Oribe se divierten con dos comparsas de máscaras, una que trenza cintas bailando alrededor de un palo; otra que es de estudiantes y canta la estudiantina. Además figuran aprisionar a Florencio Varela y a Thiebaut con su ayudante; los juzgan, los condenan a muerte y los fusilan. Esto iban a hacer hoy en el Cuartel General, y el Presidente impidió que se llevara la “chance” tan adelante.”'' Y termina de esta manera esta anotación de Antuña, que como nos llega del otro mundo, debe tener tal vez, voz de verdad: ''“¿Tendrá la política alguna parte en estos escrúpulos?”'' Así, pues, el muñeco paseado el 7 de marzo por las calles de la Restauración y del Cerrito estaba perfectamente individualizado. Tenía el nombre en el pecho. De no ser así ¿cómo lo hubiera reconocido al doctor Varela el redactor del ''“Diario”''? Como el señor Presidente no quiso que lo fusilaran en el Cerrito, se le fusiló en nuestro pueblo de la Restauración, contra la pared del ''“Almacén del Sol”'', reconocida por el general Visillac cuando se acercaba al siglo, con la memoria intacta. No lo consigna Antuña, pero lo afirma Florencio Varela en su periódico en 10 de marzo, trece días antes de que cumplieran en él, el mandato de su ejecución. Y con esto queda terminado por mi parte, el pequeño diferendo sostenido con el escritor compatriota. <ref> Suplemento histórico-literario de “EL DIA” del Domingo (24-05-1959) </ref> DR. LUIS BONAVITA ( alias "M. FERDINAND PONTAC" ) =Obra Consultada= <references/> {{DH}} [[Categoría:DH-B]] [[Categoría:EL JUDAS TRAGICO-DR. LUIS BONAVITA-Suplemento histórico-literario de “EL DIA” del Domingo (24-05-1959)]] All content in the above text box is licensed under the Creative Commons Attribution-ShareAlike license Version 4 and was originally sourced from https://es.wikisource.org/w/index.php?diff=prev&oldid=548762.
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