Difference between revisions 550151 and 783596 on eswikisource{{encabezado2|Trabajos y días|Hesíodo}} == LIBRO I == <div class="Parrafo"> Musas que ilustráis con vuestros cantos, venid de la Pieria, y loando a vuestro Padre Zeus, decid cómo los hombres mortales son desconocidos o célebres, irreprochables o cubiertos de oprobio, por la voluntad del gran Zeus. Porque eleva y derriba fácilmente, abate con facilidad al hombre poderoso y fortalece al débil, castiga al malo y humilla al soberbio, Zeus que truena en las alturas y habita las moradas superiores. ¡Escucha, oh hombre que oyes y ves todo, y conforma nuestros juicios a tu justicia! Por lo que a mí respecte, procuraré decir a Perses unas cuantas verdades. No hay una causa única de disensión, sino que hay dos sobre la tierra: la una digna de las alabanzas del sabio, la otra censurable. Obran en sentido diferente. Una es funesta; excita la guerra lamentable y la discordia, y ningún mortal la ama; pero todos le están sometidos necesariamente por la voluntad de los Inmortales. En cuanto a la otra, la oscura Nix la parió la primera, y el alto Croónida que habita en el eéter la situó bajo las raíces de la tierra para que fuese mejor con los hombres, pues excita al perezoso al trabajo. En efecto, si un hombre ocioso mira a un rico, se apresura a labrar, a plantar, a gobernar bien su casa. El vecino excita la emulación del vecino, que se apresura a enriquecerse, y esta envidia es buena para los hombres. Con él, el alfarero envidia al alfarero, el obrero envidia al obrero, el mendigo envidia al mendigo y el aeda envidia al aeda. ¡Oh Perses! retén esto en tu espíritu: que la envidia, que se regocija de los males, no desvíe tu espiritu del trabajo, haciéndote seguir los procesos y escuchar las querellas en el ágora. Hay que conceder poca atención a los procesos y al ágora cuando no se ha amontonado en la casa, durante la estación, el sustento, presente de Demeéter. Una vez saciado, entablarás, si quieres, procesos y querellas a las riquezas de los otros; pero entonces no te será ya permitido obrar así. Terminemos, pues, el proceso con juícios rectos, que son dones excelentes de Zeus; porque recientemente hemos repartido nuestro patrimonio, y me has arrebatado la mayor parte, con el fin de inclinar en tu favor a los reyes, esos devoradores de presentes, que quieren juzgar los procesos. ¡Insensatos! No saben hasta qué punto la mitad a veces vale más que el todo, y hasta qué punto son un gran bien la malva y el asfodelo. Los Dioses, en efecto, ocultaron a los hombres el sustento de la vida; pues, de otro modo, durante un solo día trabajarías lo suficiente para todo el año, viviendo sin hacer nada. Al punto colgarías el mango del arado por encima del humo, y pararías el trabajo de los bueyes y de las mulas pacientes. Pero Zeus ocultó este secreto, irritado en su corazón porque el sagaz pPrometeo le había engañado. Por eso preparó a los hombres males lamentables, y escondió el fuego que el excelente hijo de Yapeto robara en una caña hueca abierta para dárselo a los hombres, engañando así a Zeus que disfruta del rayo. Entonces, Zeus que amontona las nubes dijo indignado: ¡Yapetioónida! Más sagaz que ninguno, te alegras de haber hurtado el fuego y engañado a mi espíritu; pero eso constituirá una gran desdicha para ti, así como para los hombres futuros. A causa de ese fuego, les enviaré un mal del que quedarán encantados, y abrazarán su propio azote. (contracted; show full) Pero, después de que la tierra hubo escondido esta generación, se convirtieron en Dioses, por voluntad de Zeus, aquellos hombres excelentes y guardianes de los mortales. Vestidos de aire, van por la tierra, observando las acciones buenas y malas, y otorgando las riquezas, porque tal es su real recompensa. Después, los habitantes de las moradas olímpicas suscitaron una segunda generación muy inferior, la Edad de Plata, que no era semejante a la Edad de Oro ni en el cuerpo ni en la inteligencia ,. Durante cien años, el niño era criado por su madre y crecía en su morada, pero sin ninguna inteligencia; y cuando había alcanzado la adolescencia y el término de la pubertad, vivía muy poco tiempo, abrumado de dolores a causa de la estupidez. En efecto, los hombres no podían abstenerse entre ellos de la injuriosa iniquidad, y no querían honrar a los Dioses, ni sacrificar en los altares sagrados de los Bienaventurados, como está prescrito a los hombres por el uso. Y Zeus Croónida, irritado, los absorbió, porque no honraban a los Dioses que habitan el Olimpo. Después de que la tierra hubo escondido esta generación, estos mortales fueron llamados los Dichosos subterráneos. Están en segunda fila, pero se respeta su memoria. Y el Padre Zeus suscitó una tercera raza de hombres parlantes, la Edad de Bronce, muy desemejante a la Edad de Plata. Al igual de fresnos, violentaos y robustos, estos hombres no se preocupaban sino de injurias y de trabajos lamentables de Ares. No comían trigo, eran feroces y tenían el corazón duro como el acero. Era grande su fuerza, y sus manos inevitables se alargaban desde los hombros sobre sus miembros robustos. Y sus armas eran de bronce y sus moradas de bronce, y trabajaban el bronce, porque aún no existía el hierro negro. Domeñándose entre sí con sus propias manos, descendieron a la morada amplia y helada de EHades, sin honores. La negra Taánatos los asió, a pesar de sus fuerzas maravillosas, y dejaron la espléndida luz de Helios. Después de que la tierra hubo escondido esta generación, Zeus Croónida suscitó otra divina raza de héroes más justos y mejores, que fueron llamados Semidioses en toda la tierra por la generación presente. Pero la guerra lamentable y la refriega terrible los destruyeron a todos, a unos en la tierra Cadmeida, delante de Tebas la de las siete puertas, en tanto combatían por los rebaños de Edipo; y a los otros, cuando en sus naves fueron a Troya, surcando las grandes olas del mar, a causa de Helena la de hermosos cabellos, Ios envolvió allí la sombra de la muerte. Y el Padre (contracted; show full) Y ahora, diré un apólogo a los reyes, aunque piensan con su propia sabiduría. Un gavilán habló así a un ruiseñor sonoro al que había cogido en sus garras y se lo llevaba por las altas nubes. El ruiseñor, desgarrado por las curvas uñas, gemía; pero el gavilán le dijo estas palabras imperiosas: Desdichado, ¿por qué gimes? Ciertamente, eres presa de uno más fuerte que tú. Irás adonde yo te conduzca, aunque seas un aeda. Te comeré, si me place, o te soltaré. ¡Mal haya quien quiera luchar contra otro más poderoso que él! Será privado de la victoria y abrumado de vergüenza y de dolores. Así habló el rápido gavilán de anchas alas. ¡Oh Perses!, escucha la justicia y no medites la injuria, porque la injuria es funesta para el miserable, y ni siquiera el hombre irreprochable la soporta fácilmente; está abrumado y perdido por ella. Hay otra vía mejor que lleva a la justicia, y ésta se halla siempre por encima de la injuria; pero el insensato no se instruye hasta después de haber sufrido. El Dios testigo de los juramentos se aparta de los juicios inicuos. La jJusticia se irrita, sea cualquiera el lugar adonde la conduzcan hombres devoradores de presentes que ultrajan las leyes con juicios inicuos. Vestida de tinieblas, recorre, llorando, las ciudades y las moradas de los pueblos, llevando la desdicha a los hombres que la han ahuyentado y no han juzgado equitativamente. Pero los que hacen una justicia recta a los extranjeros, como a sus conciudadanos, y no se salen de lo que es justo, contribuyen a que prosperen las ciudades y los pueblos. La paz, mantenedora de hombres jóvenes, está sobre la tierra, y Zeus, que mira a lo lejos, no les envía jamás la guerra lamentable. Jamás el hambre ni la injuria ponen a prueba a los hombres justos, que gozan de sus riquezas en los festines. La tierra les da alimento abundante; en las montañas, la encina tiene bellotas en su copa y panales en la mitad de su altura. Sus ovejas están cargadas de lana y sus mujeres paren hijos semejantes a sus padres. Abundan perpetuamente en bienes y no tienen que navegar en naves, porque la tierra fecunda les prodiga sus frutos. Pero a los que se entregan a la injuria, a la buúsqueda del mal y a las malas acciones, Zeus que mira a lo lejos, el Croónida, les prepara un castigo; y con frecuencia es castigada toda una ciudad a causa del crimen de un solo hombre que ha meditado la iniquidad y que ha obrado mal. El Cronión, desde lo alto del Urano, envía una gran calamidad: el hambre y la peste a la vez, y perecen los pueblos. Las mujeres no paren ya, y decrecen las familias por voluntad de Zeus Olímpico; o bien les destruye el Cronión su gran ejército, o sus murallas, o hunde sus naves en el mar. ¡Oh reyes! considerad por vosotros mismos este castigo; porque los Dioses mezclados entre los hombres, ven a cuantos se persiguen con juicios inicuos sin preocuparse de los Dioses ni por asomo. Sobre la tierra mantenedora de muchos hay treinta mil Inmortales de Zeus que guardan a los hombres mortales; y envueltos de aire, corren acá y allá sobre la tierra observando los juicios equitativos y las malas acciones. Y la jJusticia es una virgen hija de Zeus, ilustre, venerable para los Dioses que habitan el Olimpo; y en verdad que, si alguien la hiere y la ultraja sentada junto al Padre Zeus Cronión, al punto acusa ella al espíritu inicuo de los hombres, con el fin de que el pueblo sea castigado por culpa de los reyes que, movidos de un mal designio, se apartan de la equidad recta y se niegan a pronunciar juicios irreprochables. Considerad esto, ¡oh reyes devoradores de presentes! corregid vuestras sentencias y olvidad la iniquidad. Se hace daño a sí mismo el hombre que se lo hace a otros; un mal designio es más dañoso para quien lo ha concebido. Los ojos de Zeus lo ven y lo comprenden todo; y en verdad que, si Zeus lo quiere, mira al proceso que se juzga en la ciudad. Pero no quiero pasar por justo entre los hombres, ni que pase por ello mi hijo, puesto que constituye una desdicha ser justo, y el más inicuo tiene más derechos que el justo. Sin embargo no creo que Zeus, que disfruta del rayo, quiera que las cosas acaben así. ¡Oh Perses!, retén esto en tu espíritu: acoge el espíritu de justicia y rechaza la violencia, pues el Cronión ha impuesto esta ley a los hombres. Ha permitido a los peces, a los animales feroces y a las aves de rapiña devorarse entre sí, porque carecen de justicia; pero ha dado a los hombres la justicia, que es la mejor de las cosas. Si en el ágora quiere hablar con equidad alguno, Zeus, que mira a lo lejos, le colma de riquezas; pero si miente perjurando, es castigado irremediablemente: su posteridad se oscurece y acaba por extinguirse, en tanto que la posteridad del hombre justo se ilustra en el porvenir, cada vez más. ¡Te haré excelentes advertencias, insensatísimo Perses! Fácil es abismarse en la maldad, porque la vía que conduce a ella es corta y está cerca de nosotros; en cambio, para ejercitar la virtud los mismos Dioses han sudado; porque la vía es larga, ardua y al principio está llena de dificultades; pero en cuanto se llega a la cúspide, se hace fácil en adelante, después de haber sido difícil. Más prudente es quien, experimentando todo por sí mismo, medita acerca de las accieones que serán mejores una vez llevadas a cabo. También es muy meritorio quien consiente que se le aconseje bien; pero quien no escucha ni a sí mismo ni a los demás, es un hombre inútil. Acuérdate siempre de mi consejo, y trabaja, ¡oh Perses, raza de Dioses! con el fin de que el hambre te deteste y de que Demeéter la de la hermosoa corona, la venerable, te ame y llene tu granero; porque el hambre es la compañera inseparable del perezoso. Los Dioses y los hombres odian igualmente al que vive sin hacer nada, semejante a los zánganos, que carecen de aguijón y que, sin trabajar por su cuenta, devoran el trabajo de las abejas. Séate agradable trabajar útilmente, a fin de que tus graneros se llenen en tiempo oportuno. El trabajo hace a los hombres opulentos y ricos en rebaños, y trabajando serás más caro a los Dioses y a los hombres, porque tienen odio a los perezozsos. No es el trabajo quien envilece, sino la ociosidad. Si trabajas, no tardará el perezoso en tener envidia de ver que te enriqueces, porque la virtud y la gloria acompañan a las riquezas; y así serás semejante a un Dios. Por eso más vale trabajar, no mirar con espíritu envidioso las riquezas de los demás, y tener la preocupación de tu sustento, como te aconsejo. La mala vergüenza posee al indigente. La vergüenza viene en ayuda de los hombres o los envilece. La vergüenza lleva a la pobreza y la audacia lleva a las riquezas. Las riquezas no adquiridas por el robo, sino otorgadas por los Dioses, son las mejores. Si alguien a causa de la pereza de sus manos ha arrebatado grandes riquezas, o con el ejercicio de su lengua ha despojado a otro y estas cosas son frecuentes, porque el deseo de ganancia turba el espíritu y la impudicia ahuyenta el pudor, los Dioses arruinan fácilmente a tal hombre; su raza decrece, y no guarda él sus riquezas sino poco tiempo. Y es lo mismo el crimen de quien ofendiera con malos tratos a un suplicante o a un huésped, que el de quien subiera al lecho fraterno, cometiendo una acción impía por deseo de la mujer de su hermano,; que el de quien, con el fraude, arruinara a niños huérfanos, y que el de quien abrumara con oprobios y palabras injuriosas a su padre al llegar éste al mísero umbral de la vejez. En verdad que Zeus se irrita contra ese hombre y le inflige un castigo terrible a causa de sus iniquidades. En tu espíriftu insensato abstente, pues, de esas acciones. Antes bien, ofrece castamente e inocentemente sacrificios a los Dioses inmortales y quema muslos crasos. Aplácalos con libaciones y perfumes en el momento en que te acuestes y cuando vuelva la luz sagrada, con el fin de que te sean benévolos de espíritu y de corazón, y de que, sin vender su herencia, puedas, por el contrario, comprar la de otro. Llama a tu amigo a tu festín, y no a tu enemigo. Antes bien invita voluntario al que habita cerca de ti; porque si te acaeciera alguna necesidad doméstica;, tus vecinos acudirán sin cinturones, mientras tus parientes estén ocupados todavía en ceñirse los suyos. Un gran azote es un mal vecino, en tanto que un buen vecino es una fortuna. Encontrar un buen vecino es una buena suerte. Jamás morirá uno de tus bueyes, a no ser que tengas un mal vecino. Mide estrictamente lo que recibas de tu vecino, y devuélveselo exactamente, y aun con creces, si puedes, a fin de que más tarde halles pronto socorro en caso necesario. (contracted; show full) Hártate de beber al principio y al final del túnel, pero no cuando está a la mitad. Vana es la economía donde ya no hay nada. Da siempre exactamente el salario convenido a tu amigo. Hasta cuando juegues con tu hermano, ten un testigo; la credulidad y la desconfianza pierden por igual a los hombres. No seduzca tu espíritu con su dulce charla la mujer que adorna su desnudez, porque anda buscando tu hacienda: y quien se fía de semejante mujer se fía del ladrón. Al hijo uúnico es a quien compete vigilar la casa paterna, y así es como la riqueza se acrece en las moradas. ¡Ojalá mueras viejo y dejes un solo hijo en tu lugar! Zeus otorga también grandes riquezas a las familias numerosas. Los esfuerzos de muchos producen bienes mayores. Asií, pues, si tu espíritu desea riquezas, procede como te aconsejo y añade trabajo al trabajo. == LIBRO II == Al salir las Pléyades, hijas de Atlas, comienza la recolección, y la labranza cuando ellas se oculten. Se ocultan durante cuarenta días y cuarenta noches; y cuando el año va corrido, aparecen de nuevo en el momento en que se afila el hierro. Tal es el uso campestre entre los que cultivan las tierras fértiles de los profundos valles, lejos del mar retumbante. Debes estar desnudo cuando siembres, desnudo cuando labres, desnudo cuando coseches, si quieres Ilevar a cabo los trabajos de Demeéter en el momento propicio, si quieres que cada cosa crezca en su estación, y si no quieres, careciendo de todo, ir a mendigar en moradas extrañas, sin recibir nada. Así fue como viniste a mí ya; pero yo no te daré cosa alguna, ni añadiré más regalos. Trabaja, ¡oh insensato Perses! en la tarea que los Dioses destinaron para los hombres, no vaya a ser que, gimiendo tu corazón, con tu mujer y tus hijos, tengas que buscar el sustento en casa de tus vecinos, que te rechazarán. Acaso lograras éxito dos o tres veces; pero si vuelves a importunarlos, ya no lograrás nada; hablarás mucho en vano y será inútil la multitud de tus palabras. Te aconsejo, pues, que empieces por pensar en el pago de tus deudas y en evitar el hambre. Ante todo, procura tener una casa, una mujer, un buey de labor y una servidora soltera que siga a tus bueyes. Ten en tu morada todos los instrumentos necesarios, con el fin de que no hayas de pedírselos a otros y de que no carezcas de ellos si se te rehuúsan; porque entonces pasará el tiempo y el trabajo quedará por hacer. No dejes nada para el día siguiente, ni para el otro día, porque el trabajo diferido no llena el granero. La actividad acrecerá tus riquezas, porque el hombre que difiere siempre las cosas lucha con la ruina. Cuando la fuerza del ardiente Helios disminuye y el cuerpo humano, por voluntad del gran Zeus, se torna más ligero durante las lluvias otoñales. Porque entonces la estrella de Sirio aparece menos tiempo sobre la cabeza de los hombres sometidos a la Ker y brilla sobre todo en la noche; cuando la selva, talada por el hierro, se hace incorruptible, y caen las hojas y la savia ardiente se detiene en las ramas, acuérdate de que ya es hora de cortar la madera. Talla un mortero de tres pies, un majadero de tres codos y un eje de siete pies. En verdad que esta es la mejor medida. Pero si el eje lo encuentras de ocho pies: podrás entonces cortar además un mazo. Corta también una rueda de tres palmos para una carreta que mida diez palmos y además, varios trozos de madera curvada. Lleva a tu morada, si lo encuentras en la montaña o en los campos, una mancera de arado de carrasca, que es la mancera más sólida para hacer trabajar a los bueyes. Un discípulo de Atenea la adaptará al timón y la fijará al dental con clavos. Entonces, trabajando en tu morada, dispón dos arados, uno acoplado y el otro compacto, que así es mejor. Porque si rompes uno, sujetarás al otro los bueyes. Los timones mas fuertes son de laurel o de olmo; el cuerpo del arado es de encina y la marnecera de madera de carrasca. Compra dos bueyes de nueve años. Cuando están en el término de la juventud, se hallan pletáóricos de fuerza y son excelentes para el trabajo. No se querellarán, rompiendo el arado en el surco y dejando la labor sin acabar. Que los siga un hombre de cuarenta años, habiendo comido cuatro partes de un pan cortado en ocho pedazos. Él cuidará de su labor y trazará un surco derecho, porque no mirará a sus compañeros y se entregará por entero al trabajo. Uno más joven no valdría para esparcir la semilla y para evitar tener que esparcirla dos veces, porque uno más joven desea en su corazón reunirse con su(contracted; show full) Suplica a Zeus subterráneo y a la casta Demeter, con el fin de que maduren los frutos sagrados de ésta. Cuando comiences a labrar, teniendo en la mano el ⏎ ⏎ extremo de la mancera del arado y pinchando con el aguijón el lomo de los bueyes que arrastran el timón con ayuda de una correa, vaya detrás un servidor joven y dé que hacer a los pájaros, ocultando la semilla con ayuda de una azada. El orden es la mejor de las cosas para los mortales, y el desorden es la peor. Tus ricas espigas se curvarán hacia la tierra, si Zeus otorga un dichoso fin a tus trabajos. Ahuyentarás de tus vasos las telarañas, y espero que te regocijes de poseer la abundancia en tu casa. Aleg(contracted; show full) Hacia la mitad del estío, di a tus servidores: “No durará mucho el estío; preparad los graneros.” Ponte al abrigo del mes Leneón, todos los días del cual son malos para los bueyes. Evita las heladas peligrosas que cubren la tierra al soplo de B oóreas, cuando éste agita el mar vasto en la Tracia, mantenedora de caballos; porque entonces mugen la tierra y la selva. Derriba las encinas de hojas altas y los pinos espesos, en las gargantas de la montaña, cayendo contra tierra, y a su impulso retiembla la selva toda. Se espantan las bestias feroces, y hasta aquellas que tienen pelaje espeso se recogen la cola bajo el vientre; pero el frío les penetra su pelaje espeso aunque cubran de vello sus pechos. Penetra el cuero del buey, y aun la piel de la cabra (contracted; show full) Cuando el cardo florece y la sonora cigarra, posada en un árbol, canta su canción armoniosa agitando las alas, en la cálida estación de estío, entonces están gordas las cabras, es excelente el vino, las mujer ces se tornan más livianas y los hombres más voluptuosos, porque Sirio les abrasa la cabeza y las rodillas, porque tienen todo el cuerpo seco por el calor. Ojalá que entonces estén a la mano las rocas umbrosas, el vino de Biblos, el pan bien cocido, la leche de cabras que no crían ya, la carne de ternera que no ha parido y la carne de cabritos tiernos. Bebe vino negro, sentado a la sombra, y hártate de comer, con el rostro expuesto al soplo tibio del viento, al borde de un manantial que corra incesante y claro. Mezcla tres partes de agua con una cuarta parte de vino. Ordena a tus servidores, cuando aparezca la fuerza de Orión, que muelan los dones sagrados de Demeéter en un lugar descubierto y sobre un aárea bien redondeada y muy plana. Mide correctamente el grano y mételo en tus depositos. Luego, cuando hayas dispuesto toda tu cosecha en tu morada, busca un servidor sin casa y una servidora sin hijos. La que tiene hijos es importuna. Alimenta a un perro de dientes terribles y no le escatimes el alimento, no vaya a ser que se lleve tus riquezas el ladrón que duerme de día. Haz también provisión de heno y de paja, a fin de alimentar con ello todo el año a Llos bueyes y a tus mulos. Después, por último, dejen en reposo tus servidores sus rodillas y desúnzanse los bueyes. Cuando Orión y Sirio lleguen a la mitad del Urano, y cuando Eos la de los dedos rosados mire a Arcturo, ¡oh Perses! guarda tus uvas en tu morada; y exponlas a la luz de Helios durante diez días y otras tantas noches. Ponlas a la sombra durante cinco días, y al sexto, encierra en los vasos esos dones de Dionisos, que inspira la alegría. Cuando las Pléyades, las Hiadas y la fuerza de Orión hayan desaparecido, acuérdate de que ha llegado el momento de labrar, y así será consagrado todo el año a los trabajos de la tierra. (contracted; show full) Pero, entretanto, te diré la voluntad de Zeus tempestuoso, porque las Musas me enseñaron a cantar el himno sagrado. Cincuenta días después de la conversión de Helios, al final de la laboriosa estación del estío, es la época de la navegación para los mortales. Entonces, ciertamente, no se romperá ninguna nave y no tragar aá el mar a ningún hombre, a menos que así lo quiera el sabio Poseidón que conmueve la tierra, o Zeus, rey de los Inmortales, porque de ellos dependen los bienes y los males. Entonces serán fáciles los vientos y el mar permanecerá tranquilo y sin peligro. Seguro de los vientos, arrastra al mar tu nave rápida, después de cargarla bien; apresúrate luego a volver a tu morada. No aguardes al vino nuevo, a las lluvias otoñales, a la proximidad del invierno y a los soplos terribles del Noto que, viniendo con las abundantes lluvias uránicas del otoño, revuelve el mar y lo hace impracticable. También es buena la navegación en primavera. Cuando aparecen las primeras hojas en la copa de la higuera, tan poco visibles como las huellas de una corneja que anda, es practicable el mar. Esta es la navegación de primavera; y no la apruebo;, sin embargo, y no place a mi espíritu, porque es incómoda. Difícilmente evitarás el peligro. Pero los hombres obran imprudentemente, y el dinero es el alma de los míseros mortales. Como es lamentable morir en las olas, te aconsejo que medites en tu espíritu acerca de todo lo que te digo. No pongas en tus naves toda tu riqueza; deja la mayor parte y llévate la menor; porque tan lamentable es encontrar la muerte en loas olas del mar como romper el eje de un carro demasiado cargado, y perder así lo que contiene. Seé prudente. Lo mejor en todo es escoger la ocasión. Cuando no tengas todavía treinta años o no tengas muchos más conduce a una esposa a tu morada; esa es la edad que te conviene para el matrimonio. Sea nuúbil la mujer a los catorce años y cásese a los quince. Desposa a una virgen a fin de enseñarle las costumbres castas. Conduce sobre todo a tu morada a la que habite cerca de ti. Pon en esas cosas la mayor atención, no vaya a ser que tu desposorio cause la irritación de tus vecinos. Una mujer irreprochable es el mejor bien que puede caer en suerte a un hombre; pero la peor calamidad es una mujer amiga de festines que quema a su marido sin antorcha, por muy vigoroso que sea, y le arrastra a una vejez rápida. Observa el temor saludable a los Dioses inmortales. No hagas de tu amigo un igual a tu hermano; pero, si lo haces, no seas el primero en causarle ninguún entuerto. No mientas únicamente por hablar. Si un amigo comienza a ofenderte con su palabra injuriosa o con la acción, acuérdate de castigarle por ello dos veces; pero, si vuelve a tu amistad y quiere ofrecerte una satisfacción, recíbela, porque es un pobre hombre que tiene que ir de un amigo a otro amigo. Tu rostro revele tu pensamiento. Que no te llamen huésped de muchos ni de pocos. No seas compañero de los malos, ni calumniador de los buenos. No permitas jamás que insulten la mísera pobreza que roe el(contracted; show full) Hombre, no laves tu cuerpo en el baño de las mujeres, porque algún día seguiría a esa acción un castigo terrible. Si te presentas en medio de un sacrificio, respeta los misterios, porque se irritaría el Dios. No orines en la corriente de los ríos que van al mar, ni en las fuentes. Evita esto sobre todo. No satisfagas allí ninguna necesidad, porque no sería mejor la acción. Evita una mala fama entre los mortales. La mala fama es peligrosa; se levanta f aácilmente, se soporta con pena y se consigue difícilmente echar de sí. Cuando son pueblos numerosos los que difunden la fama, no perece ésta nunca, porque es también Diosa. Observa los días de Zeus y enseña su observancia a tus servidores, con arreglo al buen orden. El trigésimo día del mes es el mejor para examinar los trabajos y pagarles el salario, cuando los pueblos se conducen discriminando con verdad unos días de otros. He aquí los días del sabio Zeus: eEl primero, el cuarto y el séptimo, días sagrados, porque en eslte último Latona parió a Apolo el de la espada de oro; el octavo y el noveno, dos días del mes que avanza, convienen a los trabajos de los mortales; el undécimo y el duodécimo sobresalen ambos, uno para esquilar las ovejas y otro para cortar las alegres espigas; pero el duodécimo es mejor que el undécimo, porque entonces la araña, suspendida en el aire, corre en pleno estío, en tanto que la prudente hormiga amontona sus provisiones. Es preciso que en tal día la mujer prepare su tela y comience su labor. Guárdate de sembrar en el decimotercero día del mes comenzado; pero ese día es excelente para las plantaciones. El decimosexto no es muy favorable para las plantaciones de árboles, mas es propicio a la generación de los varones, pero no a la de las hembras, tanto para que nazcan como para que se casen. Es un buen día para castrar a los caballos y a los carneros y para rodear de una cerca el establo. Es bueno también para engendrar varones; pero éstos amarán a las querellas, a las mentiras, a las palabras dulces y a las entrevistas secretas. En el octavo día del mes, castra al cerdo y al toro mugidor, y en el duodécimo, a los mulos pacientes. En el vigésimo, durante el mes de los días largos, el hombre prudente engendrará, porque su prole será de agudo entendimiento. El decimo es propiciao a la generación de los varones, y el decimocuarto a la generación de las hembras. Tambien en este día aplaca, acariciándolos con la mano, a las ovejas, a los bueyes de cuernos torcidos y de pies curvos, al perro de dientes afilados y a los mulos pacientes, y domestícalos; seé prudente, a fin de evitar las penas del ánimo durante el cuarto día del mes que crece o se acaba: porque esos días son enteramente perfectos. En el cuarto día, conduce una esposa a tu morada después de consultar el augurio de las aves. Esta es la mejor adivinación para el matrimonio. Evita los quintos días, porque son peligrosos y terribles. Entonces, efectivamente, es cuando según dicen, las Erinnias recorren la tierra vengando a Horco, a quien parió Eris para castigar el perjurio. En el decimoséptimo examina atentamente los dones sagrados de Demeéter y aviéntalos en un aire tranquilo. Corta también la fuerza de las maderas destinadas a las casas y a las naves. En el cuarto comienza a construir tus naves rápidas. El decimonono día del mes, por la tarde, es el mejor día para todo. El noveno día será libre de penas para los hombres; también lo es para plantar y para engendrar al hombre o a la mujer. Este no es jamás un mal día. Pero pocos saben que el vigésimonono es un día excelente para calafatear los toneles y someter los bueyes al yugo, así como los mulos y los caballos rápidos; y también para arrastrar al negro mar una nave rápida de numerosos bancos de remeros; pero pocos lo saben. En el cuarto día, abre los toneles; si éste es del mes mediado, sabe que es el día sagrado por encima de todos. Algunos saben que el vigésimocuarto día por la mañana es el mejor del mes; pero, por la tarde es menos bueno. Estos días son los más útiles a los hombres. Los demás son inseguros, pues no presagian ni acarrean nada. Se alaba tanto a uno como a otro; pero pocos los conocen. La jornada es tan madrastra como madre. ¡Dichoso, dichoso aquel que, sabiendo todas estas cosas, irreprochables ante los Dioses, se entrega al trabajo sin cometer falta alguna; observa los augurios de las aves y huye de las malas acciones.! </div> [[Categoría:ES-T]] [[Categoría: Obras literarias de Hesíodo]] [[el:Έργα και ημέραι]] [[en:Works and Days]] [[fr:Les Travaux et les jours]] All content in the above text box is licensed under the Creative Commons Attribution-ShareAlike license Version 4 and was originally sourced from https://es.wikisource.org/w/index.php?diff=prev&oldid=783596.
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