Revision 568427 of "Así habló Zaratustra" on eswikisource

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[[Así habló Zaratustra]]<br>
|[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]]}}
== Prólogo ==
===1 <ref name="PrólogoA">''Así habló Zaratustra'' reproduce literalmente el aforismo ''[//es.wikisource.org/wiki/La_Gaya_Ciencia#342._Comienza_la_tragedia 342]'' de ''La gaya ciencia''; sólo «el lago Urmi», que allí aparece, es aquí sustituido por «el lago de su patria». El mencionado aforismo lleva el título ''Incipit tragedia'' (Comienza la tragedia) y es el último del libro cuarto de ''La gaya ciencia'', titulado ''Sanctus Januarius'' (San Enero).</ref> ===

Cuando Zaratustra tenía treinta años<ref name="TreintaAños">Es la edad en que Jesús comienza su predicación. Véase el ''Evangelio de Lucas'', 3, 23: «Éste era Jesús, que al empezar tenía treinta años». En el buscado antagonismo entre Zaratustra y Jesús es ésta la primera de las confrontaciones. Como podrá verse por toda la obra, Zaratustra es en parte una antifigura de Jesús. Y así, la edad en que Jesús comienza a predicar es aquella en que Zaratustra se retira a las montañas con el fin de prepararse para su tarea. Inmediatamente después aparecerá una segunda contraposición entre ambos: Jesús pasó sólo cuarenta días en el desierto; Zaratustra pasará diez años en las montañas.</ref>, abandonó su patria y el lago de su patria y fue a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de ello. Pero finalmente su corazón se transformó, - y una mañana se levantó con la aurora, se paró ante el sol y le habló así:

»¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!<ref name="TuGranAstro">Zaratustra volverá a pronunciar esta misma invocación al sol al final de la obra. Véase, en la cuarta parte, ''El signo''.</ref>

Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, sin mi águila y mi serpiente<ref name="ÁguilaSerpiente">Los dos animales heráldicos de Zaratustra representan, respectivamente, su voluntad y su inteligencia. Le harán compañía en numerosas ocasiones y actuarán incluso como interlocutores suyos, sobre todo en el importantísimo capítulo de la tercera parte titulado ''El convaleciente''.</ref> te habrías hartado de tu luz y de este camino.

Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, tomábamos de ti tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello.

¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría, como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.

Quisiera regalar y repartir, hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a alegrarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.

Para ello debo descender a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar y llevas luz incluso al submundo, ¡astro sobreabundante!

Debo, al igual que tú, ''hundirme en mi ocaso''<ref name="untergehenI">''Untergehen''. Es una de las palabras-clave en la descripción de la figura de Zaratustra. Este verbo alemán contiene varios matices que con dificultad podrán conservarse simultáneamente en la traducción castellana. ''Untergehen'' es en primer término, literalmente, «caminar (''gehen'') hacia abajo (''unter'')». Zaratustra, en efecto, baja de las montañas. En segundo lugar es término usual para designar la «puesta del sol», el «ocaso». Y Zaratustra dice bien claro que quiere actuar como el sol al atardecer, esto es, «ponerse». En tercer término, ''Untergehen'' y el sustantivo ''Untergang'' se usan con el significado de hundimiento, destrucción, decadencia. Así, el título de la obra famosa de Spengler es Der ''Untergang des Abendlandes'' (traducido por ''La decadencia de Occidente''). También Zaratustra se hunde en su tarea y fracasa. Su tarea, dice varias veces, lo destruye. Aquí se ha adoptado como ''terminus technicus'' castellano para traducir ''Untergehen'' el de «hundirse en su ocaso», que parece conservar los tres sentidos. De todas maneras, Nietzsche juega en innumerables ocasiones con esta palabra alemana compuesta y la contrapone a otras palabras asimismo compuestas. Por ejemplo, contrapone y une ''Untergang'' y ''Ubergang''. ''Übergang'' es «pasar al otro lado» por encima de algo, pero también significa «transición». El hombre, dirá Zaratustra, es «un tránsito y un ocaso». Esto es, al hundirse en su ocaso, como el sol, pasa al otro lado (de la tierra, se entiende, según la vieja creencia). Y «pasar al otro lado» es superarse a sí mismo y llegar al superhombre.</ref>, como lo llaman los hombres a quienes quiero bajar.

Así pues, ¡bendíceme, ojo apacible, que puedes mirar sin envidia incluso una felicidad tan excesiva!

¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que fluyan de ella las doradas aguas, y lleve a todas partes el reflejo de tu deleite!

¡Mira! Esta copa quiere estar vacía de nuevo, y Zaratustra quiere ser hombre de nuevo.«


– Así comenzó el ocaso de Zaratustra<ref name="OcasoI">Esta misma frase se repite luego. El «ocaso» de Zaratustra termina hacia el final de la tercera parte, en el capítulo titulado ''El convaleciente'', donde se dice: «Así - ''acaba'' el ocaso de Zaratustra».</ref>.

===2===
Zaratustra bajó solo de las montañas sin encontrar a nadie. Pero cuando llegó a los bosques surgió de pronto ante él un anciano que había abandonado su santa cabaña para buscar raíces en el bosque<ref name="AncianoI">Hacia el final de la obra el papa jubilado vendrá en busca de este anciano eremita y encontrará que ha muerto; véase, en la cuarta parte, ''Jubilado''.</ref>. Y el anciano habló así a Zaratustra:

»No me es desconocido este caminante: hace algunos años pasó por aquí. Zaratustra se llamaba; pero se ha transformado.

Entonces llevabas tu ceniza a la montaña<ref name="CenizaI">Véase, en esta primera parte, De los ''trasmundanos'', y Del ''camino del creador'', y en la segunda parte, ''El adivino'', donde vuelve a aparecer la referencia a las cenizas. La ceniza es símbolo de la cremación y el rechazo de los falsos ideales juveniles.</ref>: ¿quieres hoy llevar tu fuego a los valles? ¿No temes los castigos al incendiario?

Sí, reconozco a Zaratustra. Puro es su ojo, y en su boca no se esconde náusea alguna<ref name="POAAB">La pureza de los ojos y la ausencia de asco en la boca son atributos de Zaratustra a los que se hace referencia en numerosas ocasiones; véase, por ejemplo, en la segunda parte, De los ''sublimes'', y en la cuarta, ''El mendigo voluntario''.</ref>. ¿No viene hacia acá como un bailarín?

Zaratustra está transformado, Zaratustra se ha convertido en un niño, Zaratustra es un despierto<ref name="Despierto">«El despierto» es un calificativo usual de Buda, que aquí se aplica a Zaratustra.</ref>: ¿qué quieres ahora entre los durmientes?

En la soledad vivías como en el mar, y el mar te llevaba. Ay, ¿quieres bajar a tierra? Ay, ¿quieres volver a arrastrar tú mismo tu cuerpo?«

Zaratustra respondió: »Amo a los hombres«.

»¿por qué«, dijo el santo, »me he venido yo a los bosques y a las soledades? ¿No fue acaso porque amaba demasiado a los hombres?
Ahora amo a Dios: a los hombres no los amo. El hombre es para mí una cosa demasiado imperfecta. El amor al hombre me mataría.«

Zaratustra respondió: »¡Qué decía yo del amor! ¡Lo que yo llevo a los hombres es un regalo!«

»No les des nada«, dijo el santo. »Quítales mejor alguna cosa y llévala a cuestas junto con ellos - eso será lo que más bien les hará: ¡con tal de que te haga bien a ti!

¡Y si quieres darles algo, no les des más que una limosna, y deja que además la mendiguen!«

»No«, respondió Zaratustra, »yo no doy limosnas. No soy bastante pobre para eso.«

El santo se rió de Zaratustra y dijo: »¡Entonces cuida de que acepten tus tesoros! Ellos desconfían de los eremitas y no creen que vayamos para hacer regalos.

Nuestros pasos les suenan demasiado solitarios por las callejas. Y cuando por las noches, estando en sus camas, oyen caminar a un hombre mucho antes de que el sol salga, se preguntan: ¿adónde irá el ladrón?<ref name="Ladrón">Alusión a ''1 Tesalonicenses'', 5, 2: «Pues sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón de noche».</ref>

¡No vayas donde los hombres y quédate en los bosques! ¡Vé mejor aún donde los animales! ¿Por qué no quieres ser como yo - un oso entre los osos, un pájaro entre los pájaros?«

»¿Y qué hace el santo en los bosques?« preguntó Zaratustra.

El santo respondió: »Hago canciones y las canto; y cuando hago canciones, río, lloro y murmuro: así alabo a Dios.

Con cantos, lágrimas, risas y murmullos alabo al Dios que es mi Dios. Mas ¿qué nos traes tú de regalo?«

Cuando Zaratustra hubo oído estas palabras, se despidió del santo y le dijo: »¡Qué tendría yo que darte! ¡Pero dejadme que me vaya rápido, para que no os quite nada!« – Y así se separaron el uno del otro, el anciano y el hombre, riendo como ríen dos muchachos.

Mas cuando Zaratustra estuvo solo, habló así a su corazón: »¡Será posible! ¡Este viejo santo no ha oído todavía nada en su bosque de que ''Dios ha muerto''!«<ref name="DiosHaMuerto">La idea de la muerte de Dios, que recorre la obra entera, y su ignorancia por parte del santo eremita, será tema de conversación entre Zaratustra y el papa jubilado cuando ambos hablen del eremita ya fallecido. Véase, en la cuarta parte, ''Jubilado''.</ref> –

===3===
Cuando Zaratustra llegó a la ciudad más próxima, enclavada en los bosques, encontró allí a mucha gente reunida en el mercado<ref name="markt">''Markt'' es la palabra empleada por Nietzsche, que aquí se traduce literalmente por mercado. No se refiere sólo al lugar de compra y venta de mercancías, sino, en general, al lugar amplio donde se reúne la gente, es decir, a la plaza pública. Todavía hoy la plaza central de muchas ciudades alemanas se denomina ''Marktplatz''.</ref>: puesto que se había prometido que se vería a un equilibrista. Y Zaratustra habló así al pueblo:

''Yo os enseño el superhombre''<ref name="superhombre">Sobre el «superhombre», expresión que ha dado lugar a tantos malentendidos, dice el propio Nietzsche en ''Ecce homo'': «La palabra ''“superhombre”'', que designa un tipo de óptima constitución, en contraste con los hombres “modernos”, con los hombres “buenos”, con los cristianos y demás nihilistas, una palabra que, en boca de Zaratustra, el ''aniquilador'' de la moral, se convierte en una palabra muy digna de reflexión, ha sido entendida, casi en todas partes, con total inocencia, en el sentido de aquellos valores cuya antítesis se ha manifestado en la figura de Zaratustra, es decir, ha sido entendida como tipo “idealista” de una especie superior de hombre, mitad “santo”, mitad “genio”».</ref>. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo?

Hasta ahora todos los seres han creado algo por encima de sí mismos. ¿Y vosotros queréis ser el reflujo de ese gran flujo y retroceder al animal en vez de superar al hombre?

¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y eso mismo debe ser el hombre para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa<ref name="mono">Eco de los fragmentos 82 y 83 de Heráclito (Diels-Kranz): «El más bello de los monos es feo al compararlo con la raza de los humanos.» «El más sabio de entre los hombres parece, respecto de Dios, mono en sabiduría, en belleza y en todo lo demás.»</ref>.

Habéis recorrido el camino del gusano hasta el hombre, y mucho en vosotros sigue siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, e incluso ahora es el hombre más mono que cualquier mono.

Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma. Pero ¿os ordeno yo convertirse en fantasmas o plantas?

¡Mirad, yo os enseño el superhombre!

El superhombre es el sentido de la Tierra. Diga vuestra voluntad: ¡''sea'' el superhombre el sentido de la Tierra!

¡Yo os conjuro, hermanos míos, ''permaneced fieles a la Tierra'' y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.

Son despreciadores de la vida, moribundos y ellos mismos envenenados, de los que la Tierra está cansada: ¡ojalá se larguen!<ref name="Dahinfahren1">''Dahinfahren''. Nietzsche utiliza aquí el término empleado por Lutero en su traducción de la Biblia para indicar el «tránsito» (a la otra vida).</ref>

En otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios murió, y con Él murieron también esos delincuentes. ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y tener en más las entrañas de lo inescrutable que el sentido de la tierra!

En otro tiempo el alma miraba con desprecio al cuerpo: y ese desprecio era entonces lo más alto - lo quería flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse de él y de la tierra.

Oh, también esa alma era flaca, fea y famélica: ¡y la crueldad era la voluptuosidad de esa alma!

Mas vosotros también, hermanos míos, decidme: ¿qué anuncia vuestro cuerpo de vuestra alma? ¿No es vuestra alma acaso pobreza y suciedad y un lamentable bienestar?

En verdad, una sucia corriente es el hombre. Ya se tiene que ser un mar para poder recibir una sucia corriente sin volverse impuro.

Mirad, yo os enseño el superhombre: él es ese mar, en él puede sumergirse vuestro gran desprecio.

¿Cuál es la máxima vivencia que vosotros podéis tener? Que llegue la hora del gran desprecio. La hora en que incluso vuestra felicidad se os convierta en náusea y eso mismo ocurra con vuestra razón y con vuestra virtud.

La hora en que digáis: »¡Qué importa mi felicidad! Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar. ¡Pero mi felicidad debería justificar la existencia misma!«

La hora en que digáis: »¡Qué importa mi razón! ¿Anda tras el saber como el león tras su alimento? ¡Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar!«

La hora en que digáis: »¡Qué importa mi virtud! Todavía no me ha puesto furioso. ¡Qué cansado estoy de mi bien y de mi mal! ¡Todo esto es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar!«

La hora en que digáis: »¡Qué importa mi justicia! No veo que yo sea un carbón ardiente. ¡Mas el justo es un carbón ardiente!«

La hora en que digáis: »¡Qué importa mi compasión! ¿No es la compasión acaso la cruz en la que es clavado quien ama a los hombres? Pero mi compasión no es una crucifixión.«

¿Habéis hablado ya así? ¿Habéis gritado ya así? ¡Ah, ojalá os hubiese yo oído ya gritar así!

¡No vuestros pecados - vuestra moderación es lo que clama al cielo, vuestra mezquindad hasta en el pecado es lo que clama al cielo!<ref name="ClamarAlCielo">«Clamar al cielo» es expresión bíblica. Véase ''Génesis'', 4, 10: «La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra» (palabras de Yahvé a Caín). Como hace casi siempre con estas «citas» bíblicas, Zaratustra confiere a ésta un sentido antitético del que tiene en el original.</ref>

¿Dónde está pues el rayo que os lama con su lengua? ¿Dónde está la demencia que haría falta inocularos?

Mirad, yo os enseño el superhombre: ¡él es ese rayo, él es esa demencia! –

Cuando Zaratustra hubo hablado así, uno del pueblo gritó: »¡Ya hemos oído bastante del equilibrista; ahora, ¡veámoslo también!« Y toda la gente se rió de Zaratustra. Mas el equilibrista, que creyó que las palabras iban por él, se puso a trabajar.

===4===
Mas Zaratustra vio a la gente y se maravilló. Luego habló así:

El hombre es una cuerda, tendida entre el animal y el superhombre - una cuerda sobre un abismo.

Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso caminar, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse.

Lo que es grande en el hombre es que es un puente y no un fin: lo que puede ser amado en el hombre es que es un ''tránsito'' y un ''ocaso''.<ref name="untergehenII">Véase lo dicho en la [//es.wikisource.org/wiki/As%C3%AD_habl%C3%B3_Zaratustra2#cite_note-untergehenI-4 nota 5].</ref>

Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en su ocaso, pues ellos son los que pasan al otro lado.

Yo amo a los grandes despreciadores, pues ellos son los grandes veneradores, y flechas del anhelo hacia la otra orilla.

Yo amo a quienes, para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas: sino que se sacrifican a la Tierra, para que la Tierra llegue alguna vez a ser del superhombre.

Yo amo a quien vive para conocer, y quiere conocer para que alguna vez viva el superhombre. Y quiere así su propio ocaso.

Yo amo a quien trabaja e inventa para construirle la casa al superhombre y prepara para él la tierra, el animal y la planta: pues quiere así su propio ocaso.

Yo amo a quien ama su virtud: pues la virtud es voluntad de ocaso y una flecha del anhelo.

Yo amo a quien no reserva para sí ni una gota de espíritu, sino que quiere ser íntegramente el espíritu de su virtud: avanza así en forma de espíritu sobre el puente.

Yo amo a quien hace de su virtud su inclinación y su fatalidad: quiere así, por amor a su virtud, seguir viviendo y no seguir viviendo.

Yo amo a quien no quiere tener demasiadas virtudes. Una virtud es más virtud que dos, porque es un nudo más fuerte del que se cuelga la fatalidad.

Yo amo a aquel cuya alma se prodiga, y no quiere recibir agradecimiento ni devuelve nada: pues él regala siempre y no quiere preservarse.<ref name="Conservarse">Paráfrasis del ''Evangelio de Lucas'', 17, 33: «Quien busca preservar su alma la perderá; y quien la perdiere, la conservará.»</ref>

Yo amo a quien se avergüenza de ver caer el dado en su favor y que pregunta entonces: ¿acaso soy yo un jugador tramposo? - pues quiere perecer.

Yo amo a quien suelta palabras de oro delante de sus acciones y cumple siempre más de lo que promete - pues quiere su ocaso.

Yo amo a quien justifica a los venideros y redime a los pasados: pues quiere perecer a causa de los presentes.

Yo amo a quien castiga a su dios, porque ama a su dios<ref name="CastigoADios">Cita literal, invirtiendo su sentido, de ''Hebreos'', 12, 6: «Porque el Señor, a quien ama, lo castiga.» Véase también, en la cuarta parte, ''El despertar''.</ref>: pues tiene que perecer por la cólera de su Dios.

Yo amo a aquel cuya alma es profunda incluso cuando se la hiere, y que puede perecer a causa de una pequeña vivencia: así pasa de buen grado por el puente.

Yo amo a aquel cuya alma es rebosante de tal manera que se olvida de sí mismo, y todas las cosas están dentro de él: todas las cosas se convierten así en su ocaso.

Yo amo a quien es de espíritu libre y de corazón libre: así su cabeza no es más que las entrañas de su corazón, pero su corazón lo empuja al ocaso.

Yo amo a todos aquellos que son como gotas pesadas que caen una a una de la oscura nube que se suspende sobre los hombres: ellos anuncian que viene el rayo, y perecen como anunciadores.

Mirad, yo soy un anunciador del rayo, y una gota pesada de la nube: mas ese rayo se llama superhombre. –

===5===
Cuando Zaratustra hubo dicho estas palabras vio de nuevo a la gente y calló. »Ahí están«, dijo a su corazón, »ahí se ríen: no me entienden, no soy la boca para estos oídos<ref name="NoSoyLaBocaParaEstosOídos">Reminiscencia del ''Evangelio de Mateo'',13,13: «Por esto les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender.»</ref>.

¿Habrá que romperles antes los oídos, para que aprendan a oír con los ojos? ¿Habrá que atronar igual que timbales y predicadores de penitencia? ¿O es que tan sólo creen al que balbucea?

Tienen algo de lo que se sienten orgullosos. ¿Cómo llaman a eso que los llena de orgullo? Cultura<ref name="Cultura">Sobre el concepto de «cultura» puede verse, en la segunda parte, ''Del país de la cultura''.</ref> lo llaman, es lo que los distingue de los cabreros.

Por esto les disgusta oír, referida a ellos, la palabra ›desprecio‹. Voy a hablar, pues, a su orgullo.

Voy a hablarles de lo más despreciable: es decir, ''del último hombre''<ref name="test">El «último» hombre significa sobre todo el «último» en la escala humana. En ''Ecce homo'' dice Nietzsche: «En este sentido Zaratustra llama a los buenos unas veces “los últimos hombres” y otras el “comienzo del final”; sobre todo, los considera como la especie más nociva del hombre, porque imponen su existencia tanto a costa de la verdad como a costa del futuro».</ref>.«

Y Zaratustra habló así al pueblo:

Es tiempo de que el hombre se fije su meta. Es tiempo de que el hombre plante la semilla de su más alta esperanza.

Aún su suelo es bastante fértil para ello. Mas algún día ese suelo será pobre y manso, y ningún árbol elevado podrá ya crecer de él.

¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre no lanzará más la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco habrá olvidado a vibrar!

¡Yo os digo! es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina. Yo os digo: tenéis todavía caos dentro de vosotros.

¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz ya de despreciarse a sí mismo.

¡Mirad! Yo os muestro ''el último hombre''.

»¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?« así pregunta el último hombre, y parpadea.

La Tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su raza es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.

»Nosotros hemos inventado la felicidad« dicen los últimos hombres, y parpadean.

Han abandonado los lugares donde era duro vivir: pues se necesita calor. Se ama incluso al vecino y se restriega contra él: pues se necesita calor.

Enfermar y desconfiar – lo consideran pecaminoso: se camina con cuidado. ¡Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres!

Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para un morir agradable.

Se continúa trabajando, pues el trabajo es una distracción. Mas se procura que la distracción no canse.

Ya no se es ni pobre ni rico: ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas.

¡Ningún pastor y ''un'' solo rebaño!<ref name="NingúnPastorYUnSoloRebaño">Paráfrasis, modificando su sentido, del ''Evangelio de Juan'', 10, 16: «Habrá un solo rebaño y un solo pastor.»</ref> Todos quieren lo mismo, todos son iguales: el que siente distinto, va voluntariamente al manicomio.

»Anteriormente todo el mundo desvariaba« – dicen los más sutiles, y parpadean.

Se es inteligente y se sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. Aún se disputa, mas pronto se reconcilia – de lo contrario, ello estropea el estómago.

Se tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero se honra la salud.

»Nosotros hemos inventado la felicidad« – dicen los últimos hombres, y parpadean. –

Y aquí acabó el primer discurso de Zaratustra, llamado también «el prólogo»<ref name="ersteRede">Mediante el juego de palabras en alemán entre ''erste Rede'' (primer discurso) y ''Vorrede'' (prólogo o, también, discurso preliminar), Nietzsche quiere indicar que en realidad este su primer hablar o discursear (''reden'') a los hombres no ha sido más que un hablar preliminar, pero que su verdadero hablar va a comenzar ahora. Por eso la verdadera primera parte de esta obra se titulará precisamente «Los discursos (''Reden'') de Zaratustra».</ref>: pues en este punto fue interrumpido por el griterío y el regodeo de la multitud. «¡Danos ese último hombre, oh Zaratustra«, – gritaban – »haz de nosotros esos últimos hombres! ¡El superhombre te lo regalamos!<ref name="ElSuperHombreTeLoRegalamos">Eco de la escena evangélica (''Evangelio de Lucas'', 23, 17) en que la muchedumbre rechaza a Jesús y reclama a Barrabás: «Pero ellos vociferaron a una: ¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás!»</ref>« Y toda la gente se exultaba y chasqueaba la lengua. Pero Zaratustra se entristeció y dijo a su corazón:

»No me entienden: no soy la boca para estos oídos.

Sin duda he vivido demasiado tiempo en las montañas, he escuchado demasiado a los arroyos y a los árboles: ahora les hablo igual que los cabreros.

Impasible es mi alma, y luminosa como las montañas por la mañana. Pero ellos piensan que yo soy frío, y un burlón que hace chistes horribles.

Y ahora me miran y se ríen: y mientras ríen, continúan odiándome. Hay hielo en su reír.«

===6===
Pero entonces ocurrió algo que hizo enmudecer todas las bocas y quedar fijos todos los ojos. Entretanto, en efecto, el equilibrista había empezado con su número: había salido de una pequeña puerta y caminaba sobre la cuerda, la cual estaba tendida entre dos torres, colgando sobre el mercado y el pueblo. Mas cuando se encontraba justo en la mitad de su camino, la pequeña puerta volvió a abrirse y un compañero de oficio vestido de muchos colores, igual que un bufón, saltó fuera y fue con pasos rápidos detrás del primero. »¡Avanza, cojitranco!«, gritó su terrible voz, »¡avanza, perezoso, impostor, cara de tísico! ¡Que no te haga yo cosquillas con mi talón! ¿Qué haces aquí entre torres? ¡Dentro de la torre está tu sitio, en ella se te debería encerrar, a uno mejor que tú le estás estorbando el camino!« - Y a cada palabra se le acercaba más y más: pero cuando estaba ya a un solo paso detrás de él ocurrió aquella cosa horrible que hizo enmudecer todas las bocas y quedar fijos todos los ojos - emitió un grito como un demonio y saltó por encima de quien le obstaculizaba el camino. Mas éste, cuando vio que su rival lo vencía, perdió la cabeza y el equilibrio; arrojó su balancín y, más rápido que éste, se precipitó hacia abajo como un remolino de brazos y de piernas. El mercado y la gente parecían el mar cuando rompe la tormenta: todos huyeron apartándose y atropellándose, sobre todo allí donde el cuerpo tenía que estrellarse.

Zaratustra, en cambio, permaneció inmóvil, y justo a su lado cayó el cuerpo, maltrecho y quebrantado, pero no muerto todavía. Al poco tiempo el destrozado recobró la consciencia y vio a Zaratustra arrodillarse junto a él. »¿Qué haces aquí?« dijo por fin, »desde hace mucho sabía yo que el diablo me echaría la zancadilla. Ahora me arrastra al infierno: ¿Quieres tú impedírselo?«

»Por mi honor, amigo«, respondió Zaratustra, »todo eso de lo que hablas no existe: no hay ni diablo ni infierno. Tu alma estará muerta aún más pronto que tu cuerpo<ref name="AlmaMortal">Un desarrollo de esta idea puede verse en esta primera parte, ''De los despreciadores del cuerpo'', y, en la tercera parte, ''El convaleciente'': «Las almas son tan mortales como los cuerpos.»</ref>: ¡no temas ya nada!«

El hombre alzó su mirada con desconfianza. »Si tú dices la verdad«, dijo después, »nada pierdo perdiendo la vida. No soy mucho más que un animal al que, con golpes y escasa comida, se le ha enseñado a bailar.«

»No hables así«, dijo Zaratustra; »tú has hecho del peligro tu profesión, en ello no hay nada despreciable. Ahora pereces a causa de tu profesión: por ello voy a enterrarte con mis manos.«

Cuando Zaratustra hubo dicho esto, el moribundo ya no respondió; pero movió la mano como si buscase la mano de Zaratustra para darle las gracias. –

===7===
Entretanto iba llegando el atardecer, y el mercado se escondía en la oscuridad: la gente se dispersó entonces, pues incluso la curiosidad y el pavor acaban por cansarse. Mas Zaratustra estaba sentado en el suelo junto al muerto, sumido en sus pensamientos: así olvidó el tiempo. Finalmente se hizo de noche, y un viento frió sopló sobre el solitario. Zaratustra se levantó entonces y dijo a su corazón:

»¡En verdad, una hermosa pesca ha cobrado hoy Zaratustra! No ha pescado ni un solo hombre<ref name="pescadordehombres">La expresión «pescador de hombres» es evangélica. Véase el ''Evangelio de Mateo'', 4, 19, «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Jesús a Pedro y a Andrés). Véase también, en la cuarta parte, ''La ofrenda de la miel''.</ref>, pero sí, en cambio, un cadáver.

Siniestra es la existencia humana, y carente aún de sentido: un bufón puede convertirse en su perdición.

Yo quiero enseñar a los hombres el sentido de su ser: que es el superhombre, el rayo que brota de la oscura nube que es el hombre.

Pero todavía estoy muy lejos de ellos, y mi sentido no habla a sus sentidos. Para los hombres yo soy todavía algo intermedio entre un necio y un cadáver.

Oscura es la noche, oscuros son los caminos de Zaratustra<ref name="oscuroscaminos">Cita ligeramente modificada de ''Proverbios'', 4,19: «Oscuros son los caminos del ateo» (traducción de Lutero). Lutero emplea el término ''gottlos'' (literalmente: sin-dios), expresión que luego va a ser epíteto constante de Zaratustra. Pero son los «buenos y justos» los que se lo aplican; véase, en la tercera parte, ''De la virtud empequeñecedora''. Pero luego Zaratustra se apropiará con orgullo de esa calificación. Los buenos y justos son también los que llaman a Zaratustra «el aniquilador de la moral»; véase, más adelante, ''De la picadura de la víbora''.</ref>. ¡Ven, compañero frío y rígido! Te llevaré adonde voy a enterrarte con mis manos.«

===8===
Cuando Zaratustra hubo dicho esto a su corazón, cargó el cadáver sobre sus espaldas y se puso en camino. Y no había recorrido aún cien pasos cuando se le acercó furtivamente un hombre y comenzó a susurrarle al oído - y he aquí que quien hablaba era el bufón de la torre. »Vete fuera de esta ciudad, oh Zaratustra«, le dijo; »aquí son demasiados los que te odian. Te odian los buenos y justos<ref name="buenosyjustos">La pareja verbal «los buenos y justos», que aquí aparece por primera vez, se repetirá numerosísimas veces en toda esta obra. Probablemente es imitación de otra pareja verbal, «los hipócritas y fariseos», que también aparece con mucha frecuencia en los Evangelios, y tiene el mismo significado que ella. Véase, por ejemplo, en la tercera parte, ''De tablas viejas y nuevas'': «¡Oh hermanos míos! ¿En quién reside el mayor peligro para todo futuro de los hombres? ¿No es en los buenos y justos, que dicen y sienten en su corazón: “nosotros sabemos ya lo que es bueno y justo, y hasta lo tenemos”».</ref> y te llaman su enemigo y su despreciador; te odian los creyentes de la fe ortodoxa, y éstos te llaman el peligro de la muchedumbre. Tu suerte ha estado en que la gente se rió de ti: y, en verdad, hablabas igual que un bufón. Tu suerte ha estado en asociarte al perro muerto; al humillarte así te has salvado a ti mismo por hoy. Pero vete lejos de esta ciudad - o mañana saltaré por encima de ti, un vivo por encima de un muerto.« Y cuando hubo dicho esto, el hombre desapareció; pero Zaratustra continuó caminando por las oscuras callejas.

A la puerta de la ciudad encontró a los sepultureros: éstos iluminaron el rostro de Zaratustra con la antorcha, lo reconocieron y comenzaron a burlarse de él. »Zaratustra se lleva al perro muerto: ¡bravo, Zaratustra se ha hecho sepulturero! Ya que nuestras manos son demasiado limpias para ese asado. ¿Es que Zaratustra quiere acaso robarle al diablo su bocado? ¡Pues bien! ¡Suerte, y que aproveche! ¡A no ser que el diablo sea mejor ladrón que Zaratustra! – ¡y robe a los dos, y a los dos se los trague!« Y se reían entre sí, cuchicheando.

Zaratustra no dijo ni una palabra y siguió su camino. Pero cuando llevaba andando ya dos horas, al borde de bosques y de ciénagas, había oído demasiado el hambriento aullido de los lobos, y el hambre también vino a él. Por ello se detuvo junto a una casa solitaria dentro de la cual ardía una luz.

»El hambre me asalta«, dijo Zaratustra, »como un ladrón. En medio de bosques y de ciénagas me asalta mi hambre, y en plena noche.

Extraños caprichos tiene mi hambre. A menudo me viene después de la comida, y hoy no vino en todo el día: ¿dónde estuvo, pues?«

Y mientras decía esto, Zaratustra llamó a la puerta de la casa. Un hombre viejo apareció; traía la luz y preguntó: »¿Quién viene a mí y a mi mal dormir?«

»Un vivo y un muerto«, dijo Zarathustra. »Dame de comer y de beber, he olvidado hacerlo durante el día. Quien da de comer al hambriento reconforta su propia alma: así habla la sabiduría.«<ref name="dardecomeralhambriento">Cita del ''Salmo'' 146, 5-7: «Bienaventurado aquel... que da de comer a los hambrientos.»</ref>

El viejo se fue y al poco volvió y ofreció a Zaratustra pan y vino. »Mal lugar es éste para hambrientos«, dijo; »por eso habito yo aquí. Animales y hombres acuden a mí, el eremita. Mas da de comer y de beber también a tu compañero, él está más cansado que tú.« Zaratustra respondió: »Mi compañero está muerto, difícilmente le persuadiré para ello.« »Eso a mí no me importa«, dijo el viejo con hosquedad: »quien llama a mi casa debe tomar también lo que le ofrezco. ¡Comed y que os vaya bien!« –

A continuación Zaratustra volvió a caminar durante dos horas, confiando en el camino y en la luz de las estrellas: pues estaba habituado a andar por la noche y le gustaba ver a la cara a todas las cosas que duermen.<ref name="VerAlaCaraatodoloqueduerme">Sobre esta costumbre de Zaratustra de «ver a la cara a todas las cosas que duermen» véase también, en esta misma parte, ''Del amigo''; y en la cuarta parte, ''La sombra''.</ref> Mas cuando la mañana comenzó a despuntar, Zaratustra se encontró en lo profundo del bosque, y ningún camino se mostraba ya ante él. Entonces puso al muerto en un árbol hueco, a la altura de su cabeza – pues quería protegerlo de los lobos – y se acostó sobre el suelo y el musgo. Enseguida se durmió, con el cuerpo cansado, pero el alma impasible.

===9===
Largo tiempo durmió Zaratustra, y no sólo la aurora pasó sobre su rostro, sino también la mañana entera. Mas por fin sus ojos se abrieron: asombrado miró Zaratustra en el bosque y el silencio, asombrado miró dentro de sí. Entonces se levantó con rapidez, como un marinero que de pronto ve tierra, y lanzó gritos de júbilo: pues había visto una verdad nueva<ref name="VerdadNueva">En la cuarta parte, ''Del hombre superior'', Zaratustra recordará esta «verdad nueva».</ref>, y habló así a su corazón:

»Una luz ha aparecido en mi horizonte: compañeros de viaje necesito, compañeros vivos – no compañeros muertos y cadáveres que llevo conmigo adonde quiero.

Compañeros de viaje vivos es lo que yo necesito, que me sigan porque quieren seguirse a sí mismos – e ir adonde yo quiero ir.

Una luz ha aparecido en mi horizonte: ¡Zaratustra no hablará al pueblo, sino a compañeros de viaje! ¡Zaratustra no debe convertirse en pastor y perro de un rebaño!

Apartar a muchos del rebaño – para eso he venido. Pueblo y rebaño se irritarán contra mí: los pastores llamarán ladrón a Zaratustra.

Digo pastores, pero ellos se llaman a sí mismos los buenos y justos. Digo pastores: pero ellos se llaman a sí mismos los creyentes de la fe ortodoxa.

¡Ved los buenos y justos! ¿A quién odian más? Al que rompe sus tablas de valores, al quebrantador, al infractor –  pero ése es el creador.

¡Ved los creyentes de todas las creencias! ¿A quién odian más? Al que rompe sus tablas de valores, al quebrantador, al infractor<ref name="BrecheryVerbrecher">Juego de palabras en alemán entre ''Brecher'' (destructor, rompedor, quebrantador) y ''Verbrecher'' (infractor, criminal). También Moisés rompe las tablas; véase ''Éxodo'', 32,19: «Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, enfurecido, tiró las tablas y las rompió al pie del monte». En esta obra Zaratustra utiliza numerosas veces esta contraposición.</ref> –  pero ése es el creador.

El creador busca compañeros, y no cadáveres, ni tampoco rebaños y creyentes. El creador busca compañeros de creación, a aquellos que escriben nuevos valores en nuevas tablas.

El creador busca compañeros y colaboradores de recolección: pues con él todo está maduro para la cosecha. Pero le faltan las cien hoces<ref name="hoces">Reminiscencia del ''Evangelio de Mateo'', 9,37: «La mies es abundante y los braceros, pocos.»</ref>: por ello arranca las espigas y está contrariado.

El creador busca compañeros, que sepan afilar sus hoces. Se los llamará aniquiladores y despreciadores del bien y del mal. Pero son cosechadores y celebradores.

Zaratustra busca compañeros de creación, compañeros de recolección y de celebración busca Zaratustra: ¡qué tiene él que ver con rebaños y pastores y cadáveres!

Y tú, primer compañero mío, ¡descansa en paz! Bien te he enterrado en tu árbol hueco, bien te he resguardado de los lobos.

Pero me separo de ti, el tiempo ha pasado. Entre aurora y aurora ha venido a mí una verdad nueva.

No debo ser pastor ni sepulturero. No volveré a hablar con el pueblo nunca. Por última vez he hablado a un muerto.

Quiero unirme a los creadores, a los cosechadores, a los celebradores: voy a mostrarles el arcoíris y todas las escaleras del superhombre.

Cantaré mi canción para los eremitas solitarios o en pareja<ref name="EinsiedleryZweisiedler">Juego de palabras en alemán entre ''Einsiedler'' (eremitas) y ''Zweisiedler'' (término este último creado por Nietzsche y que hace referencia al matrimonio, esto es, a la «soledad de dos en compañía»).</ref>; y a quien todavía tenga oídos para lo inaudito, a ése voy a abrumarle el corazón con mi felicidad.

Hacia mi meta quiero ir, yo sigo mi marcha; saltaré por encima de los indecisos y de los rezagados. ¡Sea mi marcha el ocaso de ellos!«

===10===
Esto es lo que Zaratustra dijo a su corazón cuando el sol estaba en pleno mediodía: entonces miró inquisitivamente hacia la altura – pues había oído por encima de sí el agudo grito de un pájaro. Y he aquí que un águila cruzaba el aire trazando amplios círculos y de él colgaba una serpiente, no como una presa, sino una amiga: pues se mantenía enroscada a su cuello.<ref name="1premonicionEternoRetorno">Los amplios círculos que traza el águila y el enroscamiento de la serpiente en torno al cuello del águila son ya aquí una premonición del «eterno retorno», que es una de las doctrinas capitales de esta obra.</ref>.

»¡Son mis animales!« dijo Zaratustra, y se alegró de corazón.

»El animal más orgulloso bajo el sol y el animal más inteligente bajo el sol – han salido para explorar el terreno.

Quieren averiguar si Zaratustra vive todavía. En verdad, ¿vivo yo todavía?

He encontrado más peligros entre los hombres que entre los animales, peligrosos caminos recorre Zaratustra. ¡Ojalá mis animales me guíen!«

Cuando Zaratustra hubo dicho esto, se acordó de las palabras del santo en el bosque, suspiró y habló así a su corazón:

»¡Quisiera yo ser más inteligente! ¡Quisiera yo ser inteligente de verdad, como mi serpiente!

Pero pido cosas imposibles: ¡por ello pido a mi orgullo que vaya siempre con mi inteligencia!

Y si alguna vez mi inteligencia me abandona – ¡ay, le encanta irse volando! – ¡ojalá mi orgullo continúe volando con mi locura!« –


– Así comenzó el ocaso de Zaratustra

== Primera Parte ==
=== De las tres transformaciones ===

Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, finalmente, en niño.

Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, de carga, en el que habita la reverencia: su fortaleza desea cosas pesadas, y las más pesadas.

¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere estar bien cargado.

¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fuerza se alegre.

¿Acaso esto no es: humillarse para lastimar su soberbia? ¿Dejar iluminar su locura para burlarse de su sabiduría?

¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador?<ref name="tentaraltentador">Reminiscencia, modificando su sentido, del ''Evangelio de Mateo'', 4, 1. En el evangelio es el Tentador el que sube a la montaña para inducir a Jesús a pecar.</ref>

¿O acaso es: alimentarse de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad?

¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?

¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de sí las frías ranas y los calientes sapos?

¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian<ref name="amaravuestrosenemigos">Véase el ''Evangelio de Mateo'', 5, 44: «Amad a vuestros enemigos.»</ref> y tender la mano al fantasma cuando desea causarnos miedo?

Todas esas cosas, las más pesadas, lleva sobre sí el espíritu de carga: semejante al camello que cargado se apresura al desierto, así se apresura él a su desierto.

Pero en lo más solitario del desierto ocurre la segunda transformación: el espíritu aquí se convierte en león, desea atrapar la libertad y ser señor en su propio desierto.

Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, luchará por la victoria con el gran dragón.

¿Cuál es el gran dragón, al que el espíritu no quiere llamar ya señor ni dios? El gran dragón se llama »Tú debes«. Pero el espíritu del león dice »yo quiero«.

El »Tú debes« se halla apostado en su camino, como un animal escamoso de áureo fulgor, y sobre cada escama brilla áureamente »¡Tú Debes!«

Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: »Todo el valor de las cosas – brilla en mí.«

»Todo valor ha sido ya creado, y todo valor creado – soy yo. ¡En verdad, no debe haber más ningún ›Yo quiero‹!« Así habla el dragón.

Hermanos míos, ¿para qué se requiere del león en el espíritu? ¿No basta el animal de carga, que renuncia y es respetuoso?

Crear valores nuevos – tampoco el león es aún capaz de eso: mas crearse libertad para nuevas creaciones – de eso es capaz el poder del león.

Crearse libertad y un no sagrado incluso frente al deber: para eso, hermanos míos, se requiere del león.

Tomarse el derecho de nuevos valores – ése es el tomar más horrible para un espíritu de carga y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.

En otro tiempo amó el »Tú debes« como lo más sagrado: ahora tiene que encontrar ilusión y arbitrariedad incluso en lo más sagrado, de modo que robe el quedar libre de su amor: para este robo se requiere del león.

Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?

El niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un sí sagrado.

Sí, para el juego de la creación, hermanos míos, se requiere de una afirmación sagrada: el espíritu quiere ahora ''su'' voluntad, el que perdió el mundo gana ahora ''su'' mundo.

Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, finalmente, en niño. –

Así habló Zaratustra. Y por aquel entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor<ref name="lavacamulticolor">La expresión «La Vaca Multicolor» (''die bunte Kuh'') es traducción literal del nombre de la ciudad Kalmasadalmyra (en pali: Kammasuddaman), visitada por Buda en sus peregrinaciones.</ref>.

=== De las cátedras de la virtud ===

Glorificaron ante Zaratustra a un sabio que sabía hablar bien del dormir<ref name="sueñodeljusto">La alabanza del «sueño del justo» es tema que aparece con frecuencia en los libros sapienciales de la Biblia; contra esa alabanza va principalmente dirigido este capítulo.</ref> y de la virtud: mucho se le honraba y recompensaba por ello, y todos los jóvenes se sentaban ante su cátedra. A él fue Zaratustra, y junto con todos los jóvenes se sentó ante su cátedra. Y así habló el sabio:

¡Sentid respeto y pudor ante el dormir! ¡Eso es lo primero! ¡Y evitad a todos los que duermen mal y están desvelados por la noche!

Incluso el ladrón siente pudor ante el dormir: siempre roba silenciosamente por la noche. En cambio el vigilante nocturno carece de pudor, sin pudor alguno va con su trompeta.

Dormir no es arte pequeño: se necesita, para ello, estar desvelado el día entero.

Diez veces tienes que superarte a ti mismo durante el día: esto produce una fatiga buena y es adormidera del alma.

Diez veces tienes que volver a reconciliarte a ti contigo mismo; pues la superación es amargura, y mal duerme el no reconciliado.

Diez verdades tienes que encontrar durante el día; de otro modo, sigues buscando la verdad durante la noche, y tu alma ha quedado hambrienta.

Diez veces tienes que reír durante el día, y estar contento: de lo contrario, en la noche te molesta el estómago, ese padre de la tribulación.

Pocos saben esto: pero es necesario tener todas las virtudes para dormir bien. ¿Diré yo falso testimonio? ¿Cometeré yo adulterio?

¿Me dejaré llevar a desear la sierva de mi prójimo<ref name="exodo2014">Véase ''Éxodo'', 20, 16: «No dirás falso testimonio»; ''Éxodo'', 20, 14: «No cometerás adulterio»; ''Éxodo'', 20, 17: «No desearás... la sierva de tu prójimo.» Zaratustra cita textualmente estos tres preceptos bíblicos.</ref>? Todo esto se avendría mal con el buen dormir.

Y aunque se tengan todas las virtudes, es necesario entender aún de una cosa: de enviar a dormir a tiempo a las virtudes mismas.

¡Para que no disputen entre sí esas lindas mujercitas! ¡Y sobre ti, desventurado!

Paz con Dios<ref name="pazcondios">En los libros sapienciales de la Biblia la «paz con Dios» figura entre los requisitos del «sueño del justo».</ref> y con el vecino: así lo quiere el buen dormir. ¡Y paz incluso con el demonio del vecino! De lo contrario, rondará en tu casa por la noche.

¡Honor y obediencia a la autoridad, incluso a la autoridad torcida! <ref name="obediencia_autoridad">Sobre la obediencia a la autoridad véase ''Romanos'', 13, 1: «Todos debéis estar sometidos a la autoridad.»</ref> ¿Qué puedo yo hacer si al poder le gusta caminar sobre piernas torcidas?

Para mí el mejor pastor será siempre aquel que lleva sus ovejas al prado más verde<ref name="verdespastos">Cita del ''Salmo'' 23,1-2: «Mi pastor... me pone en verdes pastos y me lleva a frescas aguas.»</ref>: esto se aviene con el buen dormir.

No quiero muchos honores, ni grandes tesoros: eso inflama el bazo. Pero se duerme mal sin un buen nombre y un pequeño tesoro.

Una compañía escasa me agrada más que una malvada: sin embargo, tiene que venir e irse en el momento oportuno. Esto se aviene con el buen dormir.

Mucho me agradan también los pobres de espíritu: fomentan el sueño. Son bienaventurados, especialmente si se les da siempre la razón<ref name="pobresdeespiritu">Parodia del ''Evangelio de Mateo'', 5, 3: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.»</ref>.

Así transcurre el día para el virtuoso. ¡Mas cuando la noche llega me guardo bien de llamar al dormir! ¡El dormir, que es el señor de las virtudes, no quiere que lo llamen!

Sino que pienso en lo que yo he hecho y he pensado durante el día. Rumiando me interrogo a mí mismo, paciente igual que una vaca: ¿cuáles han sido, pues, tus diez superaciones?

¿Y cuáles han sido las diez reconciliaciones, y las diez verdades, y las diez carcajadas con que mi corazón se hizo bien a sí mismo?

Reflexionando sobre estas cosas, y mecido por cuarenta pensamientos, de repente me asalta el dormir, el no llamado, el señor de las virtudes.

El dormir llama a la puerta de mis ojos: éstos se vuelven entonces pesados. El dormir toca mi boca: ésta queda entonces abierta.

En verdad, sobre blandas suelas viene a mí él, el más encantador de los ladrones, y me roba mis pensamientos: entonces yo me quedo en pie como un bobo, igual que esta cátedra.

Pero no estoy en pie por mucho tiempo: en seguida me acuesto. –

Mientras Zaratustra oía hablar así a aquel sabio, se reía en su corazón: pues una luz había aparecido entretanto en su horizonte. Y habló así a su corazón:

Un necio es para mí este sabio con sus cuarenta pensamientos: pero yo creo que entiende bien del dormir.

¡Feliz quien habite en la cercanía de este sabio! Semejante dormir se contagia, aun a través de un espeso muro se contagia.

Un hechizo habita también en su cátedra. Y no en vano se han sentado los jóvenes ante el predicador de la virtud.

Su sabiduría dice: velar para dormir bien. Y en verdad, si la vida careciese de sentido y yo tuviera que elegir un sinsentido, éste sería para mí el sinsentido más digno de que se lo eligiese.

Ahora comprendo claramente lo que en otro tiempo se buscaba ante todo cuando se buscaban maestros de virtud. ¡Buen dormir es lo que se buscaba, y, para ello, virtudes que fueran como adormideras!

Para todos estos alabados sabios de las cátedras era sabiduría el dormir sin soñar<ref name="dormirsinsoñar">Alusión a ''Proverbios'', 3, 24: «Te acostarás y dormirás dulce sueño. No tendrás temor de repentinos temores...» También de Buda se dice que «dormía sin soñar, como un niño o un gran sabio».</ref>: no conocían mejor sentido de la vida.

Y todavía hoy hay algunos como este predicador de la virtud, y no siempre tan honestos: pero su tiempo ha pasado. Y no hace mucho que están en pie: y ya se tienden.

Bienaventurados son estos somnolientos: pues no tardarán en quedar dormidos. –


Así habló Zaratustra.

=== De los trasmundanos<ref name="Hinterweltler">''Hinterweltler''. Término forjado por Nietzsche y que ya había empleado una vez en Humano, ''demasiado humano'', II, «Opiniones y sentencias varias». Aquí se traduce literalmente por «trasmundanos», pues parecen innecesarias y artificiales las traducciones que ordinariamente se han dado: «De los creyentes en ultramundos», «De los alucinados de un mundo pretérito», «De los visionarios del más allá», etc. Nietzsche formó esta palabra por analogía con ''Hinterwäldler'', de uso corriente, que significa: el que habita en el Hinterwald (la parte de detrás del bosque), pero también: «troglodita», «provinciano», «hombre inculto». El «trasmundano» es, evidentemente, el «metafísico».</ref> ===

En otro tiempo también Zaratustra proyectó su ilusión más allá del hombre, al igual que todos los trasmundanos. Obra de un dios sufriente y atormentado me parecía entonces el mundo.

Sueño me parecía entonces el mundo, e invención poética de un Dios; humo coloreado ante los ojos de un ser divinamente insatisfecho.

Bien y mal, y placer y sufrimiento, y yo y tú – humo coloreado me parecía todo eso ante ojos creadores. El creador quiso apartar la vista de sí mismo, – entonces creó el mundo.

Un ebrio placer es, para quien sufre, apartar la vista de su sufrimiento y perderse a sí mismo. Ebrio placer y un perderse-a-sí-mismo me pareció en otro tiempo el mundo.

Este mundo, eternamente imperfecto, imagen, e imagen imperfecta, de una contradicción eterna – un ebrio placer para su imperfecto creador – así me pareció en otro tiempo el mundo<ref name="enotrotiempoelmundo">Zaratustra describe aquí las ideas de Nietzsche en su primera época (véase sobre todo El nacimiento de la tragedia), que estuvo muy influida por Schopenhauer y Wagner.</ref>.

Y así también yo proyecté en otro tiempo mi ilusión más allá del hombre, al igual que todos los trasmundanos. ¿Más allá del hombre, en verdad?

¡Ay, hermanos, ese dios que yo creé era obra humana y demencia humana, al igual que todos los dioses!

Hombre era, y nada más que un pobre fragmento de hombre y de yo: de mi propia ceniza y de mi propia brasa surgió ese fantasma, y, ¡en verdad!, ¡no vino a mí desde el más allá!

¿Qué ocurrió, hermanos míos? Yo me superé a mí mismo, al ser que sufría, yo llevé mi ceniza a la montaña<ref name="cenizaalamontaña">Véase antes el ''Prólogo de Zaratustra'', y la [//es.wikisource.org/wiki/As%C3%AD_habl%C3%B3_Zaratustra#cite_ref-CenizaI_8-0 nota 8].</ref>, inventé para mí una llama más luminosa. ¡Y he aquí que el fantasma se me ''desvaneció''!

Sufrimiento sería ahora para mí, y tormento para el curado, creer en tales fantasmas: sufrimiento sería ahora para mí, y humillación. Así hablo yo a los trasmundanos.

Sufrimiento fue, e impotencia, – lo que creó todos los trasmundos; y aquella breve demencia de la felicidad que sólo experimenta el que más sufre de todos.

Fatiga, que de ''un'' solo salto quiere llegar al final, de un salto mortal, una pobre fatiga ignorante, que ya no quiere ni querer: ella fue la que creó todos los dioses y todos los trasmundos.

¡Creedme, hermanos míos! Fue el cuerpo el que desesperó del cuerpo, – con los dedos del espíritu trastornado palpaba las últimas paredes.

¡Creedme, hermanos míos! Fue el cuerpo el que desesperó de la tierra, – oyó que el vientre del ser le hablaba.

Y entonces quiso atravesar con la cabeza las últimas paredes, y no sólo con la cabeza<ref name="meterlacabeza">''Mit dem Kopf durch die Wand (gehen)'' es una frase hecha alemana que significa literalmente «(querer atravesar) la pared con la cabeza», pero que alude a las personas muy tercas, «cabezotas» (tanto, que se empeñan en algo imposible, a saber: «atravesar la pared con la cabeza»). Al variar ligeramente la frase, mediante la adición del adjetivo ''letzte'' («últimas» paredes, es decir, los límites de este mundo), Nietzsche ironiza sobre los trasmundanos.</ref> – quiso pasar a »aquel mundo«.

Pero »aquel mundo« está bien oculto del hombre, aquel inhumano mundo deshumanizado, que es una nada celeste; y el vientre del ser no habla en modo alguno al hombre, a no ser en forma de hombre.

En verdad, todo »ser« es difícil de demostrar, y difícil resulta hacerlo hablar. Decidme, hermanos míos, ¿no es acaso la más extravagante de todas las cosas la mejor demostrada?

Sí, este yo y la contradicción y confusión del yo continúan hablando acerca de su ser del modo más honesto, este yo que crea, que quiere, que valora, y que es la medida y el valor de las cosas.

Y este ser honestísimo, el yo – habla del cuerpo, y continúa queriendo el cuerpo, aun cuando poetice y fantasee y revolotee de un lado para otro con rotas alas.

Cada vez más el yo aprende a hablar con mayor honestidad: y cuanto más aprende, más palabras y honores encuentra para el cuerpo y la tierra.

Mi yo me ha enseñado un nuevo orgullo, y yo se lo enseño a los hombres: ¡a no meter más la cabeza en la arena por las cosas celestes, sino a llevarla libremente, una cabeza terrena, la cual es la que crea el sentido de la tierra!

Una nueva voluntad enseño yo a los hombres: ¡querer ese camino que el hombre ha recorrido a ciegas, y llamarlo bueno y no volver a salirse furtivamente de él, como hacen los enfermos y moribundos!

Enfermos y moribundos eran los que despreciaron el cuerpo y la tierra y los que inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentoras<ref name="sangreredentoras">La «sangre redentora» es expresión bíblica. Véase ''1 Pedro'', 1, 19. En ''La genealogía de la moral'' Nietzsche reprocha a Wagner el que se dejase seducir por la «sangre redentora». Véase la nota 72 de ''La genealogía de la moral''.</ref>: ¡pero incluso estos dulces y sombríos venenos los tomaron del cuerpo y de la tierra!

De su miseria querían escapar, y las estrellas les parecían demasiado lejanas. Entonces suspiraron: »¡Oh, si hubiese caminos celestes para deslizarse furtivamente en otro ser y en otra felicidad!« – ¡entonces se inventaron sus caminos furtivos y sus pequeños brebajes de sangre!<ref name="brebajedesangre">Alusión al cáliz y a la Última Cena. Véase el ''Evangelio de Mateo'', 26, 27: «Bebed de él todos, que ésta es mi sangre.»</ref>

Entonces estos ingratos se imaginaron estar sustraídos de su cuerpo y de esta tierra. Sin embargo, ¿a quién debían las convulsiones y los deleites de su éxtasis? A su cuerpo y a esta tierra.

Suave es Zaratustra con los enfermos. En verdad, no se enoja con sus especies de consuelo y de ingratitud. ¡Ojalá se transformen en convalecientes y en superadores, y se creen un cuerpo superior!

Tampoco se enoja Zaratustra con el convaleciente si éste mira con ternura hacia su ilusión y a medianoche se desliza furtivamente en torno a la tumba de su dios: mas enfermedad y cuerpo enfermo continúan siendo para mí también sus lágrimas.

Mucha gente enfermiza ha habido siempre entre quienes poetizan y tienen la manía de los dioses; odian con furia al hombre del conocimiento y a aquella virtud, la más joven de todas, que se llama: honestidad.

Vuelven siempre la vista hacia tiempos oscuros: entonces, ciertamente, ilusión y fe eran cosas distintas; el delirio de la razón era semejanza con Dios, y la duda era pecado.

Demasiado bien conozco a estos hombres semejantes a Dios: quieren que se crea en ellos, y que la duda sea pecado. Demasiado bien sé igualmente qué es aquello en lo que más creen ellos mismos.

En verdad, no en trasmundos ni en gotas de sangre redentora: sino que es en el cuerpo en lo que más creen, y su propio cuerpo es para ellos su cosa en sí<ref name="cosaensi">La «cosa en sí» es término procedente de Kant y contra él polemiza Nietzsche en numerosas ocasiones. De él se deriva la expresión propia del idealismo alemán «en sí y para sí» (''an sich und für sich''). Más adelante, en la cuarta parte, ''La ofrenda de la miel'', Zaratustra se burlará de esta última expresión, hablando de «en mí y para mí».</ref>.

Pero cosa enfermiza le es para ellos: y con gusto quisieran salir de la piel. Por eso escuchan a los predicadores de la muerte, y ellos mismos predican trasmundos.

Es mejor que oigáis, hermanos míos, la voz del cuerpo sano: es ésta una voz más honesta y más pura.

Con más honestidad y con más pureza habla el cuerpo sano, el cuerpo perfecto y cuadrado<ref name="cuadrado">El poeta griego Simónides dice en uno de sus «trenos» (el 542 en la numeración de D. L. Page): «Es difícil llegar a ser un hombre excelente, cuadrado de manos, de pies, de inteligencia, terminado sin reproche...» Tanto Platón en el Protágoras (339 b) como Aristóteles en su ''Retórica'' (1411 b 26) citan esta metáfora de Simónides. De cualquiera de ellos pudo tomar Nietzsche esta imagen, que también repite más tarde; véase, en esta primera parte, ''Del hijo y del matrimonio'', y en la cuarta parte, ''El saludo''.</ref>: y habla del sentido de la tierra.


Así habló Zaratustra.

=== De los despreciadores del cuerpo ===

A los despreciadores del cuerpo quiero decirles mi palabra. No deben aprender ni enseñar otras doctrinas, sino tan sólo decir adiós a su propio cuerpo – y así enmudecer.

»Cuerpo soy yo y alma« – así habla el niño. ¿Y por qué no hablar como los niños?

Pero el despierto, el sapiente, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para algo en el cuerpo.

El cuerpo es una gran razón, una pluralidad con un ''único'' sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor<ref name="rebañoypastor">Véase la nota [//es.wikisource.org/wiki/As%C3%AD_habl%C3%B3_Zaratustra2#cite_note-Ning.C3.BAnPastorYUnSoloReba.C3.B1o-22 23]</ref>.

Instrumento de tu cuerpo es también tu pequeña razón, hermano mío, a la que llamas »espíritu«, un pequeño instrumento- y un pequeño juguete de tu gran razón.

Dices »yo« y te enorgulleces de esta palabra. Pero más grande que esto, aunque no lo creas – es el cuerpo y su gran razón: que no dice yo, pero obra yo.

Lo que el sentido siente, lo que el espíritu conoce, eso nunca tiene dentro de sí su final. Pero sentido y espíritu quisieran persuadirte de que ellos son el final de todas las cosas: tan vanidosos son.

Instrumentos y juguetes son el sentido y el espíritu: tras ellos se encuentra todavía el sí-mismo<ref name="sí-mismo">''Selbst''. Se traduce aquí, no por yo, como a veces se hace, sino por sí-mismo. Nietzsche contrapone ''Ich'' (yo) y ''Selbst'' (sí-mismo), como puede verse en el párrafo siguiente y, en general, en todo este capítulo.</ref>. El sí-mismo busca también con los ojos de los sentidos, escucha también con los oídos del espíritu.

El sí-mismo escucha siempre y busca siempre: compara, domeña, conquista, destruye. Domina y es el dominador también del yo.

Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, hay un amo poderoso, un sabio desconocido – se llama sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.

Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y quién sabe para qué necesita tu cuerpo precisamente tu mejor sabiduría?

Tu sí-mismo se ríe de tu yo y de sus orgullosos saltos. »¿Qué son para mí esos saltos y esos vuelos del pensamiento?«, se dice. »Un rodeo hacia mi fin. Yo soy las andaderas del yo y el apuntador de sus conceptos.«

El sí-mismo dice al yo: »¡siente dolor aquí!« Y el yo sufre y reflexiona sobre cómo dejar de sufrir – y justo para ello ''debe'' pensar.

El sí-mismo dice al yo: »¡siente placer aquí!« Y el yo se alegra y reflexiona sobre cómo seguir alegrándose a menudo – y justo para ello ''debe'' pensar.

A los despreciadores del cuerpo quiero decirles una palabra. Su despreciar constituye su apreciar<ref name="despreciarapreciar">Véase ''Más allá del bien y del mal'' 78: «Quien así mismo se desprecia continúa apreciándose, sin embargo, a sí mismo en cuanto despreciador».</ref>. ¿Qué es lo que creó el apreciar y el despreciar y el valor y la voluntad?

El sí-mismo creador se creó para sí el apreciar y el despreciar, se creó para sí el placer y el dolor. El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad.

Incluso en vuestra locura y en vuestro desprecio, despreciadores del cuerpo, servís a vuestro sí-mismo. Yo os digo: también vuestro sí-mismo quiere morir y se aparta de la vida.

Ya no es capaz de hacer lo que más quiere – crear algo por encima de sí. Eso es lo que más quiere, ése es todo su ardiente deseo.

Sin embargo, ya le es demasiado tarde para eso – por ello vuestro sí-mismo quiere hundirse en su ocaso, despreciadores del cuerpo.

¡Hundirse en su ocaso quiere vuestro sí-mismo, y por ello os convertisteis vosotros en despreciadores del cuerpo! Pues ya no sois capaces de crear por encima de vosotros.

Y por eso os enojáis ahora contra la vida y contra la tierra. Una inconsciente envidia hay en la oblicua mirada de vuestro desprecio.

¡Yo no voy por vuestro camino, despreciadores del cuerpo! ¡Vosotros no sois para mí puentes hacia el superhombre! –


Así habló Zaratustra.

=== De las alegrías y de las pasiones<ref name="alegriasypasiones">''Von den Freudenschaften und Leidenschaften''. Por analogía con ''Leidenschaft'' (pasión), Nietzsche crea aquí la palabra ''Freudenschaft'', derivándola de Freude (alegría). Con ello subraya el elemento ''Leiden'' (sufrimiento) del término ''Leidenschaft''. «Pasión» implica aquí, pues, simultáneamente dos significados: pasión (como movimiento afectivo) y padecimiento.</ref> ===

Hermano mío, si tienes una virtud, y esa virtud es la tuya, entonces no la tienes en común con nadie.

Ciertamente, tú quieres llamarla por su nombre y acariciarla; quieres tirarle de la oreja y divertirte con ella.

¡Y he aquí que tienes su nombre en común con el pueblo y que, con tu virtud, te has convertido en pueblo y en rebaño!

Harías mejor en decir: »inexpresable y sin nombre es aquello que constituye el tormento y la dulzura de mi alma, y que es incluso el hambre de mis entrañas.«

Sea tu virtud demasiado alta para la familiaridad de los nombres: y si tienes que hablar de ella, no te avergüences de balbucear al hacerlo.

Habla y balbucea así: »Éste es ''mi'' bien, esto es lo que yo amo, así me agrada del todo, únicamente así quiero ''yo'' el bien.

No lo quiero como ley de un Dios, no lo quiero como precepto y forzosidad de los hombres: no sea para mí una guía hacia super-tierras y hacia paraísos.

Una virtud terrena es la que yo amo: en ella hay poca inteligencia, y menos la razón de todos.

Pero ese pájaro ha construido en mí su nido: por ello lo amo y lo aprieto contra mi pecho, – ahora incuba en mí sus áureos huevos.»

Así debes balbucir y alabar tu virtud.

En otro tiempo tenías pasiones y las llamabas malvadas. Pero ahora no tienes más que tus virtudes: han surgido de tus pasiones.

Pusiste tu meta suprema en el corazón de aquellas pasiones: entonces se convirtieron en tus virtudes y alegrías.

Y aunque fueses de la estirpe de los coléricos o de la de los lujuriosos, o de los fanáticos de su fe o de los vengativos: 

Al final todas tus pasiones se convirtieron en virtudes y todos tus demonios en ángeles.

En otro tiempo tenías perros salvajes en tu mazmorra: pero al final se transformaron en pájaros y en amables cantoras.

De tus venenos has extraído tu bálsamo; has ordeñado a tu vaca Tribulación – ahora bebes la dulce leche de sus ubres.

Y ninguna cosa malvada surgirá ya de ti en el futuro, a no ser el mal que surja de la lucha de tus virtudes.

Hermano mío, si eres afortunado tienes una ''sola'' virtud, y nada más: así pasas con mayor ligereza el puente.

Es una distinción tener muchas virtudes, pero es una pesada suerte; y más de uno se fue al desierto y se mató porque estaba cansado de ser batalla y campo de batalla de virtudes.

Hermano mío, ¿son males la guerra y la batalla? Pero ese mal es necesario, necesarios son la envidia y la desconfianza y la calumnia entre tus virtudes.

Mira cómo cada una de tus virtudes codicia lo más alto de todo: quiere tu espíritu entero, para que éste sea ''su'' heraldo, quiere toda tu fuerza en la cólera, en el odio y en el amor.

Celosa está cada virtud de la otra, y cosa horrible son los celos. También las virtudes pueden perecer de celos.

Aquel a quien la llama de los celos lo circunda acaba volviendo contra sí mismo, como al escorpión, el aguijón envenenado.

Ay, hermano mío, ¿no has visto nunca todavía a una virtud calumniarse y acuchillarse a sí misma?

El hombre es algo que tiene que ser superado: y por ello tienes que amar tus virtudes – pues perecerás a causa de ellas. –


Así habló Zaratustra.

=== Del pálido delincuente ===

¿Vosotros no queréis matar, jueces y sacrificadores, hasta que el animal haya inclinado la cabeza? Mirad, el pálido delincuente ha inclinado la cabeza: en sus ojos habla el gran desprecio.

»Mi yo es algo que debe ser superado: mi yo es para mí el gran desprecio del hombre«: así dicen esos ojos.

El haberse juzgado a sí mismo constituyó su instante supremo: ¡no dejéis que el sublime recaiga en su bajeza!

No hay redención alguna para quien sufre tanto de sí mismo, excepto la muerte rápida.

Vuestro matar, jueces, debe ser compasión y no venganza. ¡Y mientras matáis, cuidad de que vosotros mismos justifiquéis la vida!

No basta con que os reconciliéis con aquel a quien matáis. Vuestra tristeza sea amor al superhombre: ¡así justificáis vuestro seguir viviendo!

»Enemigo« debéis decir, pero no »malvado«; »enfermo« debéis decir, pero no »infame«; »tonto« debéis decir, pero no »pecador«.

Y tú, rojo juez, si dijeses en voz alta todo lo que has hecho con el pensamiento: todo el mundo gritaría: »¡Fuera esa inmundicia y ese gusano venenoso!«

Pero una cosa es el pensamiento, otra la acción, y otra la imagen de la acción. La rueda del motivo no gira entre ellas.

Una imagen hizo palidecer a ese pálido hombre. Cuando realizó su acción él estaba a la altura de ella: mas no soportó la imagen de su acción, una vez cometida ésta.

Desde aquel momento, pues, se vio siempre como autor de una ''sola'' acción. Demencia llamo yo a eso: la excepción se invirtió, convirtiéndose para él en la esencia.

La raya trazada sobre el suelo hechiza a la gallina; el golpe dado por el delincuente hechizó su pobre razón - demencia ''después'' de la acción llamo yo a eso.

¡Oíd, jueces! Existe todavía otra demencia: la de ''antes'' de la acción. ¡Ay, no me habéis penetrado bastante profundamente en esa alma!

Así habla el rojo juez: »¿por qué este delincuente asesinó? Quería robar.« Mas yo os digo: su alma quería sangre, no robo: ¡él estaba sediento de la felicidad del cuchillo!

Pero su pobre razón no comprendía esa demencia y le persuadió. »¡Qué importa la sangre!« dijo; »¿no quieres al menos cometer también un robo? ¿Tomarte una venganza?«

Y él escuchó a su pobre razón: como plomo pesaba el discurso de ella sobre él, – entonces robó, al asesinar. No quería avergonzarse de su demencia.

Y ahora el plomo de su culpa una vez más pesa sobre él, y de nuevo su pobre razón está igual de rígida, igual de paralizada, igual de pesada.

Si sólo pudiera sacudir la cabeza, su peso rodaría al suelo: mas ¿quién sacude esa cabeza?

¿Qué es ese hombre? Un montón de enfermedades, que a través del espíritu se extienden por el mundo: allí quieren hacer su botín.

¿Qué es ese hombre? Una maraña de serpientes salvajes, que rara vez tienen paz entre sí, – entonces cada una se va por su lado, buscando botín en el mundo.

¡Mirad ese pobre cuerpo! Lo que él sufría y codiciaba, esa pobre alma lo interpretaba para sí, – lo interpretaba como placer asesino y como ansia de la felicidad del cuchillo.

A quien ahora se pone enfermo lo asalta el mal, lo que ahora es mal: el enfermo quiere causar daño con aquello que a él le causa daño. Pero ha habido otros tiempos, y otros males y bienes.

En otro tiempo eran un mal la duda y la voluntad de sí-mismo. Entonces el enfermo se convertía en hereje y en bruja: como hereje y como bruja sufría y quería hacer sufrir.

Pero esto no quiere entrar en vuestros oídos: perjudica a vuestros buenos, me decís. ¡Mas qué me importan a mí vuestros buenos!

Muchas cosas de vuestros buenos me producen náuseas, y, en verdad, no su mal. ¡Pues yo quisiera que tuvieran una demencia a causa de la cual pereciesen, como ese pálido delincuente!

En verdad, yo quisiera que su demencia se llamase verdad o fidelidad o justicia: pero ellos tienen su virtud para vivir mucho tiempo y en un lamentable bienestar.

Yo soy un pretil junto a la corriente<ref name="pretiljuntoalacorriente">Sobre los «pretiles junto a la corriente» puede verse luego, en la tercera parte, ''De tablas viejas y nuevas'',  8, y la nota 375.</ref>: ¡agárreme el que pueda agarrarme! Pero yo no soy vuestra muleta. –


Así hablo Zaratustra.

=== Del leer y el escribir ===

De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu.

No es cosa fácil el comprender la sangre ajena: yo odio a los ociosos que leen.

Quien conoce al lector no hace ya nada por el lector. Un siglo de lectores todavía – y hasta el espíritu olerá mal.

El que a todo el mundo le sea lícito aprender a leer corrompe a la larga no sólo el escribir, sino también el pensar.

En otro tiempo el espíritu era Dios<ref name="Dioseraespíritu">Véase el ''Evangelio de Juan', 4, 24: «Dios es espíritu.» En la cuarta parte, ''La fiesta del asno'',  1, el papa jubilado criticará la frase «Dios es espíritu».</ref>, luego se convirtió en hombre, y ahora se convierte incluso en plebe.

Quien escribe con sangre y en sentencias, ése no quiere ser leído, sino aprendido de memoria.

En las montañas el camino más corto es el que va de cumbre a cumbre: mas para ello tienes que tener piernas largas. Cumbres deben ser las sentencias: y aquellos a quienes se habla, hombres grandes y robustos.

El aire ligero y puro, el peligro cercano y el espíritu lleno de una alegre maldad: estas cosas se avienen bien.

Quiero tener duendes a mi alrededor, pues soy valeroso. El valor que espanta los fantasmas se crea sus propios duendes, – el valor quiere reír.

Yo ya no tengo sentimientos en común con vosotros: esa nube que veo por debajo de mí, esa negrura y pesadez de que me río – cabalmente ésa es vuestra nube tempestuosa.

Vosotros miráis hacia arriba cuando deseáis elevación. Y yo miro hacia abajo, porque estoy elevado.

¿Quién de vosotros puede a la vez reír y estar elevado?

Quien asciende a las montañas más altas se ríe de todas las tragedias, de las del teatro y de las de la vida<ref name="vosotrosmiras...">Los tres párrafos que van desde «Vosotros miráis...» hasta aquí fueron colocados por Nietzsche como ''motto'' al frente de la tercera parte de esta obra (véase p. ''221'').</ref>.

Valerosos, despreocupados, irónicos, violentos – así nos quiere la sabiduría: es una mujer y ama siempre únicamente a un guerrero<ref name="sabiduríaesmujer">El tercer tratado de ''La genealogía de la moral'' lleva a su frente, como ''motto'', esta frase. Nietzsche dice en el prólogo que ese tercer tratado, titulado «¿Qué significan los ideales ascéticos?», es todo él «un comentario» del citado párrafo.</ref>.

Vosotros me decís: »la vida es difícil de llevar.« Mas ¿para qué tendríais vuestro orgullo por las mañanas y vuestra resignación por las tardes?

La vida es difícil de llevar: ¡pero no me os pongáis tan tiernos! Todos nosotros somos bonitos borricos y pollinas de carga<ref name="pollinasdecarga">Reminiscencia irónica del ''Evangelio de Mateo'', 21, 5: «Y los discípulos... trajeron la borrica y el pollino» (preparativos para la entrada de Jesús en Jerusalén).</ref>.

¿Qué tenemos nosotros en común con el capullo de la rosa, que tiembla porque tiene encima de su cuerpo una gota de rocío?

Es verdad: nosotros amamos la vida no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos habituados a amar<ref name="lebenlieben">Juego de palabras, en alemán, entre vivir (leben) y amar (lieben).</ref>.

Siempre hay algo de demencia en el amor. Pero siempre hay también algo de razón en la demencia<ref name="demenciaenamor_razonendemencia">Paráfrasis de ''Hamlet'', acto II, escena 2: «Ocurrencias felices que suele tener la demencia, y que ni la más sana razón y lucidez podrían soltar con tanta fortuna» (palabras de Polonio a Hamlet).</ref>.

Y también a mí, que soy bueno con la vida, me parece que las mariposas y las burbujas de jabón y lo que es como ellas entre los hombres, saben más de felicidad.

Ver revolotear esas almitas ligeras, locas, encantadoras, volubles – eso hace llorar y cantar a Zaratustra.

Yo no creería más que en un dios que supiese bailar.

Y cuando vi a mi demonio lo encontré serio, grave, profundo, solemne: era el espíritu de la pesadez<ref name="espíritudelapesadez_leeryescribir">Véase, en la tercera parte, ''De la visión y del enigma'', así como ''Del espíritu de la pesadez'', donde Nietzsche desarrolla con detalle el significado del «espíritu de la pesadez».</ref> – por él caen todas las cosas.

No con la cólera, sino con la risa se mata<ref name="conlarisasemata_leeryescribir">En la cuarta parte, ''La fiesta del asno'', el más feo de los hombres recordará a Zaratustra esta enseñanza.</ref>. ¡Adelante, matemos el espíritu de la pesadez!

He aprendido a andar: desde entonces me dedico a correr. He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado para moverme de un sitio.

Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mí mismo por debajo de mí, ahora un dios baila por medio de mí.


Así habló Zaratustra.

=== Del árbol en la montaña<ref name="delarbolenlamontana">Éste es uno de los capítulos de mayor impregnación evangélica en su ambientación. Recuerda sobre todo la conversación de Jesús con el joven rico (véase el ''Evangelio de Mateo'', 19, 16 y ss.), pero también el hecho de que Jesús encontrase a algunos de sus primeros discípulos debajo de un árbol; véase el ''Evangelio de Juan'', 1, 48: «Contestó Jesús, y le dijo: Antes de que Felipe te llamase, te vi cuando estabas debajo de la higuera. Natanael le contestó: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Contestó Jesús y le dijo: ¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores has de ver.»</ref> ===

El ojo de Zaratustra había visto que un joven lo evitaba. Y cuando una tarde caminaba solo por las montañas que rodean la ciudad llamada »La Vaca Multicolor«: he aquí que encontró en su camino a aquel joven, sentado junto a un árbol en el que se apoyaba y mirando al valle con mirada cansada. Zaratustra agarró el árbol junto al cual estaba sentado el joven y habló así:

»Si yo quisiera sacudir este árbol con mis manos, no podría.

Pero el viento, que nosotros no vemos, lo maltrata y lo dobla hacia donde quiere. Manos invisibles son las que peor nos doblan y maltratan<ref name="elvientoquenovemos">Reminiscencia del ''Evangelio de Juan'', 3, 8: «El viento sopla donde quiere; oyes el ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va.»</ref>.«

Entonces el joven se levantó consternado y dijo: »Oigo a Zaratustra, y en él estaba precisamente pensando.«

Zaratustra replicó:

»¿Por eso te has asustado? – Al hombre le ocurre lo mismo que al árbol.

Cuanto más quiere elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tienden sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo, – hacia el mal.«

»¡Sí, hacia el mal!« exclamó el joven. »¿Cómo es posible que tú hayas descubierto mi alma?«

Zaratustra sonrió y dijo: »A ciertas almas no se las descubrirá nunca a no ser que antes se las invente.«

»¡Sí, hacia el mal!« volvió a exclamar el joven.

»Tú has dicho la verdad, Zaratustra. Desde que quiero elevarme hacia la altura ya no tengo confianza en mí mismo, y ya nadie tiene confianza en mí, – ¿cómo ocurre esto?

Me transformo demasiado rápidamente: mi hoy refuta a mi ayer. A menudo salto los escalones cuando subo, – esto no me lo perdona ningún escalón.

Cuando estoy arriba, siempre me encuentro solo. Nadie habla conmigo, el frío de la soledad me hace temblar. ¿Qué es, pues, lo que quiero yo en la altura?

Mi desprecio y mi anhelo crecen juntos; cuanto más alto subo, tanto más desprecio al que sube. ¿Qué es, pues, lo que quiere éste en la altura?

¡Cómo me avergüenzo de mi subir y tropezar! ¡Cómo me burlo de mi violento jadear! ¡Cómo odio al que vuela! ¡Qué cansado estoy en la altura!«

Aquí el joven calló. Y Zaratustra contempló el árbol junto al que se hallaban y habló así:

»Este árbol se encuentra solitario aquí en la montaña; ha crecido muy por encima del hombre y del animal.

Y si quisiese hablar, no tendría a nadie que lo comprendiese: tan alto ha crecido.

Ahora él aguarda y aguarda – ¿a qué aguarda, pues? Habita demasiado cerca del asiento de las nubes: ¿acaso aguarda el primer rayo?«<ref name="aguardaprimerrayo">Véase, en la cuarta parte, ''Del hombre superior'', 6, donde vuelve a aludirse a lo aquí indicado.</ref>

Cuando Zaratustra hubo dicho esto el joven exclamó con ademanes violentos: »Sí, Zaratustra, tú dices verdad. Cuando yo quería ascender a la altura, deseaba mi caída, ¡y tú eres el rayo que yo aguardaba! Mira, ¿qué soy yo desde que tú nos has aparecido? ¡La ''envidia'' de ti es lo que me ha destruido!« – Así dijo el joven, y lloró amargamente<ref name="lloraramargamente">Como en varias otras ocasiones, Nietzsche utiliza aquí la expresión evangélica con que se caracteriza el llanto de Pedro tras negar a Jesús; véase el ''Evangelio de Mateo'', 26, 75: «Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras de Jesús: “Antes que cante el gallo me negarás tres veces”. Y saliendo fuera, lloró amargamente».</ref>. Mas Zaratustra lo rodeó con su brazo y se lo llevó consigo.

Y cuando habían caminado un rato juntos, Zaratustra comenzó a hablar así:

Mi corazón está desgarrado. Mejor que tus palabras es tu ojo el que me dice todo el peligro que corres.

Todavía no eres libre, todavía ''buscas'' la libertad. Tu búsqueda te ha vuelto insomne y te ha desvelado demasiado.

Quieres subir a la altura libre, tu alma tiene sed de estrellas. Pero también tus malos instintos tienen sed de libertad.

Tus perros salvajes quieren libertad; ladran de placer en su cueva cuando tu espíritu se propone abrir todas las prisiones<ref name="perrossalvajes">Véase antes, [//es.wikisource.org/wiki/As%C3%AD_habl%C3%B3_Zaratustra2#De_las_alegr.C3.ADas_y_de_las_pasiones.5B58.5D ''De las alegrías y de las pasiones''], y más tarde, sobre todo, ''Del hijo y del matrimonio'', donde se desarrolla este mismo pensamiento.</ref>.

Para mí eres todavía un prisionero que se imagina la libertad: ay, el alma de tales prisioneros se torna inteligente, pero también astuta y mala.

El liberado del espíritu tiene que purificarse todavía. Muchos restos de prisión y de moho quedan aún en él: su ojo tiene que volverse todavía puro.

Sí, yo conozco tu peligro. Mas por mi amor y mi esperanza te conjuro: ¡no arrojes de ti tu amor y tu esperanza!

Todavía te sientes noble, y noble te sienten todavía también los otros, que te detestan y te dirigen miradas malvadas. Sabe que un noble les es a todos un obstáculo en su camino.

También a los buenos un noble les es un obstáculo en su camino: y aunque lo llamen bueno, con ello lo que quieren es apartarlo a un lado.

El noble quiere crear lo nuevo y una nueva virtud. El bueno quiere lo viejo, y que lo viejo se conserve.

Pero el peligro del noble no es volverse bueno, sino insolente, burlón, aniquilador.

Ay, yo he conocido nobles que perdieron su más alta esperanza. Y desde entonces calumniaron todas las esperanzas elevadas.

Desde entonces han vivido insolentemente en medio de breves placeres, y apenas se trazaron metas de más de un día.

»El espíritu es también voluptuosidad« – así dijeron. Entonces se le quebraron las alas a su espíritu: éste se arrastra ahora de un sitio para otro y ensucia todo lo que roe.

En otro tiempo pensaron convertirse en héroes: ahora son libertinos. Pesadumbre y horror es para ellos el héroe.

Mas por mi amor y mi esperanza te conjuro: ¡no arrojes al héroe que hay en tu alma! ¡Conserva santa tu más alta esperanza! –


Así habló Zaratustra.

=== De los predicadores de la muerte<ref name="predicadoresdelamuertetitulo">Un amplio desarrollo de las ideas que aparecen en este capítulo puede verse en ''La genealogía de la moral''.</ref> ===

Hay predicadores de la muerte: y la tierra está llena de seres a quienes hay que predicar el alejarse de la vida.

Llena está la tierra de superfluos, corrompida está la vida por los demasiados. ¡Ojalá los saque alguien de esta vida con el atractivo de la »vida eterna«!

»Amarillos«: así se llama a los predicadores de la muerte, o »negros«. Pero yo quiero mostrároslos todavía con otros colores.

Ahí están los seres terribles, que llevan dentro de sí el animal de presa y no pueden elegir más que o placeres o autolaceración. E incluso sus placeres continúan siendo autolaceración.

Aún no han llegado ni siquiera a ser hombres, esos seres terribles: ¡ojalá prediquen el alejarse de la vida y ellos mismos se larguen!<ref name="Dahinfahren2">Véase la nota [//es.wikisource.org/wiki/As%C3%AD_habl%C3%B3_Zaratustra2#cite_note-Dahinfahren1-15 16].</ref>

Ahí están los tuberculosos del alma: apenas han nacido y ya han comenzado a morir, y anhelan doctrinas de fatiga y de renuncia.

¡Querrían estar muertos, y nosotros deberíamos aprobar su voluntad! ¡Guardémonos de resucitar a esos muertos y de lastimar a esos ataúdes vivientes!

Si encuentran un enfermo, o un anciano, o un cadáver, enseguida dicen: »¡la vida está refutada!«

Pero sólo están refutados ellos, y sus ojos, que no ven más que un solo rostro en la existencia.

Envueltos en espesa melancolía, y ávidos de los pequeños incidentes que ocasionan la muerte: así aguardan, y con los dientes apretados.

O bien: extienden la mano hacia las confituras y, al hacerlo, se burlan de su niñería: penden de esa caña de paja que es su vida y se burlan de seguir todavía pendientes de una caña de paja<ref name="cañadepaja">Alusión a Pascal: «El hombre es una caña que piensa.»</ref>.

Su sabiduría dice: »¡tonto es el que continúa viviendo, mas nosotros somos así de tontos! ¡Y ésta es la cosa más tonta en la vida!« –

»La vida no es más que sufrimiento«- así dicen otros, y no mienten: ¡así, pues, procurad acabar ''vosotros''! ¡Así, pues, procurad acabar esa vida, que no es más que sufrimiento!

Y diga así la enseñanza de vuestra virtud: »¡Tú debes matarte a ti mismo! ¡Tú debes quitarte de en medio a ti mismo!«<ref name="matateatimismo">Más adelante, ''De la muerte libre'', puede verse un amplio desarrollo de esta idea.</ref> –

»La voluptuosidad es pecado« – así dicen los unos, que predican la muerte – »¡apartémonos y no engendremos hijos!«

»Dar a luz es cosa ardua« – dicen los otros – »¿para qué seguir dando a luz? ¡No se da a luz más que seres desgraciados!« Y también éstos son predicadores de la muerte.

»Compasión es lo que hace falta« – así dicen los terceros. »¡Tomad lo que yo tengo! ¡Tomad lo que yo soy! ¡Así me atará menos la vida!«

Si fueran compasivos de verdad, quitarían a sus prójimos el gusto de la vida. Ser malvados – ésa sería su verdadera bondad.

Pero ellos quieren librarse de la vida: ¡qué les importa el que, con sus cadenas y sus regalos, aten a otros más fuertemente todavía! –

Y también vosotros, para quienes la vida es trabajo salvaje e inquietud: ¿no estáis muy cansados de la vida? ¿No estáis muy maduros para la predicación de la muerte?

Todos vosotros que amáis el trabajo salvaje y lo rápido, nuevo, extraño – os soportáis mal a vosotros mismos, vuestra diligencia es huida y voluntad de olvidarse a sí mismo.

Si creyeseis más en la vida, os lanzaríais menos al instante. ¡Pero no tenéis en vosotros bastante contenido para la espera – y ni siquiera para la pereza!

Por todas partes resuena la voz de quienes predican la muerte: y la tierra está llena de seres a quienes hay que predicar la muerte.

O »la vida eterna«: para mí es lo mismo, – ¡con tal de que se larguen pronto a ella!


Así habló Zaratustra.

=== De la guerra y el pueblo guerrero ===

No queremos que con nosotros sean indulgentes nuestros mejores enemigos, ni tampoco aquellos a quienes amamos a fondo. ¡Por ello dejadme que os diga la verdad!

¡Hermanos míos en la guerra! Yo os amo a fondo, yo soy y he sido vuestro igual. Y soy también vuestro mayor enemigo.  ¡Por ello dejadme que os diga la verdad!

Yo sé del odio y de la envidia de vuestro corazón. No sois bastante grandes para no conocer odio y envidia. ¡Sed, pues, bastante grandes para no avergonzaros de ellos!

Y si no podéis ser santos del conocimiento, sed al menos guerreros de él. Éstos son los compañeros y los precursores de tal santidad.

Veo muchos soldados: ¡muchos guerreros es lo que quisiera yo ver! »Uni-forme« se llama lo que llevan puesto: ¡ojalá no sea uni-formidad lo que con ello encubren!

Debéis ser de aquellos cuyos ojos buscan siempre un enemigo – ''vuestro'' enemigo. Y en algunos de vosotros hay un odio a primera vista.

¡Debéis buscar vuestro enemigo, debéis hacer vuestra guerra, y hacerla por vuestros pensamientos! ¡Y si vuestro pensamiento sucumbe, vuestra honestidad debe aún cantar victoria por ello!

Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras. Y la paz corta más que la larga<ref name="pazcorta">En la cuarta parte, ''Coloquio con los reyes'', los reyes recordarán a Zaratustra estas palabras.</ref>.

A vosotros no os aconsejo el trabajo, sino la lucha. A vosotros no os aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Sea vuestro trabajo una lucha, sea vuestra paz una victoria!

Sólo se puede callar y estar tranquilo cuando se tiene una flecha y un arco: de lo contrario, se charla y se disputa. ¡Sea vuestra paz una victoria!

¿Vosotros decís que la buena causa es la que santifica incluso la guerra? Yo os digo: la buena guerra es la que santifica toda causa.

La guerra y el valor han hecho cosas más grandes que la caridad. No vuestra compasión, sino vuestra valentía es la que ha salvado hasta ahora a los infortunados.

»¿Qué es bueno?« preguntáis. Ser valiente es bueno<ref name="servalienteesbueno">En el mismo capítulo citado en la nota anterior, los reyes dicen a Zaratustra. «Nadie ha dicho hasta ahora palabras tan belicosas como: “¿Qué es bueno? Ser valiente es bueno”. La buena guerra es la que santifica toda causa. Oh, Zaratustra, la sangre de nuestros padres se agitaba en nuestro cuerpo al oír tales palabras.»</ref>. Dejad que las niñas pequeñas digan: »ser bueno es ser bonito y a la vez conmovedor.«

Se os llama carentes de corazón: pero vuestro corazón es auténtico, y yo amo el pudor de vuestra cordialidad. Vosotros os avergonzáis de vuestra pleamar, y otros se avergüenzan de su bajamar.

¿Sois feos? ¡Pues bien, hermanos míos! ¡Envolveos en lo sublime, que es el manto de lo feo!

Y si vuestra alma se hace grande, se vuelve altanera, y en vuestra sublimidad hay maldad. Yo os conozco.

En la maldad el altanero se encuentra con el debilucho. Pero se malentienden recíprocamente. Yo os conozco.

Sólo os es lícito tener enemigos que haya que odiar, pero no enemigos para despreciar. Es necesario que estéis orgullosos de vuestro enemigo: entonces los éxitos de él son también vuestros éxitos<ref name="orgullosodevuestroenemigo">El propio Zaratustra cita más adelante esta enseñanza suya; véase, en la tercera parte, ''De las tablas viejas y nuevas'',  21.</ref>.

Rebelión – ésa es la nobleza en el esclavo. ¡Sea vuestra nobleza obediencia! ¡Vuestro propio mandar sea un obedecer!

»Tú debes« le suena a un buen guerrero más agradable que »yo quiero«<ref name="másagradablequeyoquiero">La contraposición entre «tú debes» y «yo quiero» ha sido desarrollada antes en esta misma parte, ''De las tres transformaciones'', Zaratustra volverá a mencionarla en la parte tercera, ''De tablas viejas y nuevas'', 9.</ref>. Y a todo lo que os es amado debéis dejarle que primero os mande.

¡Sea vuestro amor a la vida amor a vuestra esperanza más alta: y sea vuestra esperanza más alta el pensamiento más alto de la vida!

Pero debéis dejar que yo os mande vuestro pensamiento más alto – y dice así: el hombre es algo que debe ser superado.

¡Vivid, pues, vuestra vida de obediencia y de guerra! ¡Qué importa vivir mucho tiempo! ¡Qué guerrero quiere ser tratado con indulgencia!

¡Yo no os trato con indulgencia, yo os amo a fondo, hermanos míos en la guerra! –


Así habló Zaratustra.

=== Del nuevo ídolo ===

En algún lugar existen todavía pueblos y rebaños, pero no entre nosotros, hermanos míos: aquí hay Estados.

¿Estado? ¿Qué es eso? ¡Bien! Abridme ahora los oídos, pues voy a deciros mi palabra sobre la muerte de los pueblos.

Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos<ref name="estadosellamaelmonstruomásfrio">Sobre la caracterización del Estado como monstruo puede verse también, más adelante, la conversación de Zaratustra con el «perro de fuego»: segunda parte, ''De grandes acontecimientos''.</ref>.

Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: »Yo, el Estado, soy el pueblo.«

¡Es mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos y suspendieron encima de ellos una fe y un amor: así sirvieron a la vida.

Aniquiladores son quienes ponen trampas para muchos y las llaman Estado: éstos suspenden encima de ellos una espada y cien concupiscencias.

Donde todavía hay pueblo, éste no comprende al Estado y lo odia, considerándolo mal de ojo y pecado contra las costumbres y los derechos.

Esta señal os doy<ref name="darunaseñal">«Esta señal os doy» es frase bíblica que aparece en ''Isaías'', 7, 14: «Pues bien, el Señor mismo os dará una señal: He aquí que la virgen concebirá y parirá un hijo.» También los Evangelios utilizan repetidas veces la expresión «dar una señal».</ref>: cada pueblo habla su lengua propia del bien y del mal: el vecino no la entiende. Cada pueblo se ha inventado su lenguaje propio en costumbres y derechos.

Pero el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga, miente – y posea lo que posea, lo ha robado.

Falso es todo en él; con dientes robados muerde, ese mordedor. Falsas son incluso sus entrañas.

Confusión de lenguas del bien y del mal: esta señal os doy como señal del Estado. ¡En verdad, voluntad de muerte es lo que esa señal indica! ¡En verdad, hace señas a los predicadores de la muerte!

Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado!

¡Miradme, pues, cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora y los masca y los rumia!

»En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de Dios« – así ruge el monstruo. ¡Y no sólo quienes tienen orejas largas y vista corta se postran de rodillas!

¡Ay, también en vosotros, los de alma grande, susurra él sus sombrías mentiras! ¡Ay, él adivina cuáles son los corazones ricos, que con gusto se prodigan!

¡Sí, también os adivina a vosotros, los vencedores del viejo Dios! ¡Os habéis fatigado en la lucha, y ahora vuestra fatiga continúa sirviendo al nuevo ídolo!

¡Héroes y hombres de honor quisiera colocar en torno a sí el nuevo ídolo! ¡Ese frío monstruo – gusta de calentarse al sol de buenas conciencias!

Todo quiere dároslo a ''vosotros'' el nuevo ídolo, si ''vosotros'' lo adoráis<ref name="sivosotrosloadorais">Cita del ''Evangelio de Mateo'', 4,9: «Todo esto te daré si, postrándote ante mí, me adoras» (palabras del Tentador a Jesús).</ref>: por ello se compra el brillo de vuestra virtud y la mirada de vuestros ojos orgullosos.

¡Con vosotros quiere pescar a los demasiados! ¡Sí, un artificio infernal ha sido inventado aquí, un caballo de la muerte, que tintinea con el atavío de honores divinos!

Sí, aquí ha sido inventada una muerte para muchos, la cual se precia a sí misma de ser vida: ¡en verdad, un servicio íntimo para todos los predicadores de la muerte!

Estado llamo yo en donde todos, buenos y malos, son bebedores de venenos: Estado, en donde todos, buenos y malos, se pierden a sí mismos: Estado, donde el lento suicidio de todos – se llama »la vida«.

¡Miradme, pues, a esos superfluos! Roban para sí las obras de los inventores y los tesoros de los sabios: cultura llaman a su latrocinio – ¡y todo se convierte para ellos en enfermedad y molestia!

¡Miradme, pues, a esos superfluos! Enfermos están siempre, vomitan su bilis y lo llaman periódico<ref name="bilisperiodico">Sobre la caracterización del «periódico» véase también, en la tercera parte, ''Del pasar de largo''.</ref>. Se devoran unos a otros y ni siquiera pueden digerirse.

¡Miradme, pues, a esos superfluos! Adquieren riquezas y con ello se vuelven más pobres. Quieren poder y, en primer lugar, la palanqueta del poder, mucho dinero, – ¡esos insolventes!

¡Miradlos trepar, esos ágiles monos! Trepan unos por encima de otros, y así se arrastran al fango y a la profundidad. 

Todos quieren llegar al trono: ésa es su demencia – ¡como si la felicidad se asentara en el trono! Con frecuencia es el fango el que se sienta en el trono -y también a menudo el trono se sienta en el fango.

Dementes son para mí todos ellos, y monos trepadores y fanáticos. Mal me huele su ídolo, el frío monstruo: mal me huelen todos ellos juntos, esos idólatras.

Hermanos míos, ¿es que queréis asfixiaros con el aliento de sus hocicos y de sus concupiscencias? ¡Es mejor que rompáis las ventanas y saltéis al aire libre!

¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos de la idolatría de los superfluos!

¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos!

Aún se encuentra la tierra a disposición de las almas grandes. Vacíos están aún muchos lugares para eremitas solitarios o en pareja, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos.

Aún hay una vida libre a disposición de las almas grandes. En verdad, quien poco posee, tanto menos es poseído: ¡alabada sea la pequeña pobreza!<ref name="pequeñapobreza">Sobre la «pequeña pobreza» puede verse, en la cuarta parte, ''La Cena'', donde el adivino «cita» esta frase de Zaratustra y le da una explicación irónica.</ref>

Allí donde acaba el Estado, allí comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la canción del necesario, la melodía única e insustituible.

Allí donde ''acaba'' el Estado, – ¡miradme allí, hermanos míos! ¿No veis el arco iris y los puentes del superhombre? –


Así habló Zaratustra.

=== De las moscas del mercado ===

¡Huye, amigo mío, a tu soledad! Ensordecido te veo por el ruido de los grandes hombres, y acribillado por los aguijones de los pequeños.

El bosque y la roca saben callar dignamente contigo. Vuelve a ser igual que el árbol al que amas, el árbol de amplias ramas: silencioso y atento pende sobre el mar.

Donde acaba la soledad, allí comienza el mercado; y donde comienza el mercado, allí comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas.

En el mundo las mejores cosas no valen nada sin alguien que las represente: grandes hombres llama el pueblo a esos actores.

El pueblo comprende poco lo grande, esto es: lo creador. Pero tiene sentidos para todos los actores y comediantes de grandes cosas.

En torno a los inventores de nuevos valores gira el mundo – gira de modo invisible. Sin embargo, en torno a los comediantes giran el pueblo y la fama: así corre el mundo.

Espíritu tiene el comediante, pero poca conciencia de espíritu. Cree siempre en aquello que mejor le permite llevar a los otros a creer – ¡a creer en ''él''!

Mañana tendrá una nueva fe, y pasado mañana, otra más nueva. Sentidos rápidos tiene, igual que el pueblo, y premoniciones cambiantes.

Derribar – eso significa para él: demostrar. Volver loco a uno – eso significa para él: convencer. Y la sangre es para él el mejor de todos los argumentos<ref name="sangreparaelcomediante">Sobre la sangre como argumento de la verdad puede verse, en la segunda parte, ''De los sacerdotes''; Nietzsche desarrolla esta idea también en el 53 de ''El Anticristo''.</ref>.

A una verdad que sólo en oídos delicados se desliza la llama mentira y nada. ¡En verdad, sólo cree en dioses que hagan gran ruido en el mundo!

Lleno de bufones solemnes está el mercado – ¡y el pueblo se gloria de sus grandes hombres! Éstos son para él los señores del momento.

Pero el momento los apremia: así ellos te apremian a ti. Y también de ti quieren ellos un sí o un no. ¡Ay!, ¿quieres situar tu silla entre un pro y un contra?

¡No tengas celos de esos incondicionales y apremiantes, amante de la verdad! Jamás se ha colgado la verdad del brazo de un incondicional.

A causa de esas gentes súbitas, vuelve a tu seguridad: sólo en el mercado se es asaltado con un ¿sí o no?

Lenta es la vivencia de todos los pozos profundos: tienen que aguardar largo tiempo hasta saber ''qué'' fue lo que cayó en su profundidad.

Todo lo grande se aparta del mercado y de la fama: apartados del mercado y de la fama han vivido desde siempre los inventores de nuevos valores.

Huye, amigo mío, a tu soledad: te veo acribillado por moscas venenosas. ¡Huye allí donde sopla un viento áspero, fuerte!

¡Huye a tu soledad! Has vivido demasiado cerca de los pequeños y mezquinos. ¡Huye de su venganza invisible! Contra ti no son más que venganza.

¡Deja de levantar tu brazo contra ellos! Son innumerables, y no es tu destino el ser espantamoscas.

Innumerables son esos pequeños y mezquinos; y a más de un edificio orgulloso han conseguido derribarlo ya las gotas de lluvia y los yerbajos.

Tú no eres una piedra, pero has sido ya excavado por muchas gotas. Acabarás por resquebrájarteme y por rompérteme en pedazos bajo tantas gotas.

Fatigado te veo por moscas venenosas, lleno de sangrientos rasguños te veo en cien sitios; y tu orgullo no quiere ni siquiera irritarse.

Sangre quisieran ellas de ti con toda inocencia, sangre es lo que sus almas exangües codician – y por ello pican con toda inocencia.

Mas tú, profundo, sufres demasiado profundamente incluso por pequeñas heridas; y antes de que te curases, se arrastraba el mismo gusano venenoso por tu mano.

Demasiado orgulloso me pareces para matar a esos golosos. ¡Pero guárdate de que no se convierta en tu fatalidad el llevar toda su venenosa injusticia!

Ellos zumban a tu alrededor también con su alabanza: impertinencia es su alabanza<ref name="impertinenciaessualabanza">Véase ''Más allá del bien y del mal'': «En el elogio hay más entrometimiento que en la censura».</ref>. Quieren la cercanía de tu piel y de tu sangre.

Te adulan como a un dios o a un demonio; lloriquean delante de ti como delante de un dios o de un demonio. ¡Qué importa! Son aduladores y llorones, y nada más.

También suelen hacerse los amables contigo. Pero ésa fue siempre la astucia de los cobardes. ¡Sí, los cobardes son astutos!

Ellos piensan mucho sobre ti con su alma estrecha, – ¡para ellos eres siempre preocupante! Todo aquello sobre lo que se reflexiona mucho se vuelve preocupante.

Ellos te castigan por todas tus virtudes. Sólo te perdonan de verdad – tus fallos.

Como tú eres suave y de sentir justo, dices: »Ellos no tienen la culpa de su pequeña existencia.« Mas su estrecha alma piensa: »Culpable es toda gran existencia.«

Aunque eres suave con ellos, se sienten, sin embargo, despreciados por ti; y te devuelven tus bondades con daños encubiertos.

Tu orgullo sin palabras repugna siempre a su gusto; se alborozan cuando alguna vez eres bastante modesto para ser vanidoso.

Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo inflamamos también en él. Por ello ¡guárdate de los pequeños!

Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza.

¿No has notado cómo solían enmudecer cuando tú te acercabas a ellos, y cómo su fuerza se les iba, cual humo de fuego que se extingue?

Sí, amigo mío, para tus prójimos eres tú la conciencia malvada: pues ellos son indignos de ti. Por eso te odian y quisieran chupar tu sangre.

Tus prójimos serán siempre moscas venenosas; lo que en ti es grande – eso mismo tiene que hacerlos más venenosos y siempre más moscas.

Huye, amigo mío, a tu soledad y allí donde sopla un viento áspero, fuerte. No es tu destino el ser espantamoscas. –


Así habló Zaratustra.

=== De la castidad ===

Yo amo el bosque. En las ciudades se vive mal: hay en ellas demasiados lascivos.

¿No es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer lasciva?

Y miradme, pues, esos hombres: sus ojos lo dicen – no conocen nada mejor en la tierra que yacer con una mujer.

Fango hay en el fondo de su alma; ¡y ay si su fango tiene además espíritu!

¡Si al menos fueran perfectos en cuanto animales! Mas del animal forma parte la inocencia.

¿Os aconsejo yo matar vuestros sentidos? Yo os aconsejo la inocencia de los sentidos.

¿Os aconsejo yo la castidad? La castidad es en algunos una virtud, pero en muchos es casi un vicio.

Éstos sin duda se contienen: mas la perra Sensualidad mira con envidia desde todo lo que hacen.

Incluso en las alturas de su virtud y hasta en la frialdad del espíritu los sigue ese bicho con su insatisfacción.

¡Y con qué lindos modales sabe mendigar la perra Sensualidad un pedazo de espíritu cuando se le deniega un pedazo de carne!

¿Vosotros amáis las tragedias y todo lo que rompe el corazón? Mas yo desconfío de vuestra perra.

Vosotros tenéis para mí ojos demasiado crueles, y miráis lascivamente a los que sufren. ¿Es que vuestra voluptuosidad no ha hecho más que enmascararse, y se llama compasión?

Y también os doy esta parábola: no pocos que quisieron expulsar a su demonio fueron a parar ellos mismos dentro de los cerdos<ref name="expulsarasudemonio">Alusión al ''Evangelio de Mateo'', 9,28-32: «Llegó él a la orilla de enfrente, a la región de los gadarenos. Desde el cementerio salieron a su encuentro dos endemoniados; eran tan peligrosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. De pronto empezaron a gritar: “¿Quién te mete a ti en esto, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?” Una gran piara de cerdos estaba hozando a distancia. Los demonios le dijeron: “Si nos echas, mándanos a la piara”. Jesús les dijo: “Id”. Salieron y se fueron a los cerdos. De pronto la piara se abalanzó al lago, acantilado abajo, y murió ahogada.»</ref>.

A quien la castidad le resulte dificil se le debe desaconsejar: para que no se convierta ella en el camino hacia el infierno – es decir, hacia el fango y la lascivia del alma<ref name="aquienlacastidadleresultedificil">Paráfrasis de ''1 Corintios'', 7, 1-2: «Bueno es al hombre no tocar mujer: mas, por evitar la fornicación, tenga cada uno su mujer y cada una tenga su marido.»</ref>.

¿Hablo yo de cosas sucias? Para mí no es esto lo peor.

No cuando la verdad es sucia, sino cuando es superficial le disgusta al hombre del conocimiento sumergirse en sus aguas.

En verdad, hay personas castas de raíz: son dulces de corazón, ríen con más gusto y más frecuencia que vosotros.

Se ríen incluso de la castidad y preguntan: »¡Qué es castidad!

¿No es castidad una locura? Pero esa locura ha venido a nosotros, y no nosotros a ella.

Hemos ofrecido albergue y corazón a ese huésped: ahora habita en nosotros, – ¡que se quede todo el tiempo que quiera!«


Así habló Zaratustra.

=== Del amigo ===

»Uno siempre a mi alrededor es demasiado« – así piensa el eremita. »Siempre uno por uno – ¡da a la larga dos!«

Yo y mí están siempre dialogando con demasiada vehemencia: ¿cómo soportarlo si no hubiese un amigo?

Para el eremita el amigo es siempre el tercero: el tercero es el corcho que impide que el diálogo de los dos se hunda en la profundidad.

Ay, existen demasiadas profundidades para todos los eremitas. Por ello anhelan un amigo y su altura.

Nuestra fe en otros delata lo que nosotros quisiéramos creer de nosotros mismos. Nuestro anhelo de un amigo es nuestro delator.

Y a menudo con el amor no se quiere más que saltar por encima de la envidia. Y a menudo se ataca y se crea un enemigo para ocultar que se es vulnerable.

»¡Sé al menos mi enemigo!« – así habla el verdadero respeto, que no se atreve a pedir amistad.

Si se quiere tener un amigo hay que querer también hacer la guerra por él: y para hacer la guerra hay que ''poder'' ser enemigo.

Se debe en el amigo honrar incluso al enemigo. ¿Puedes tú acercarte mucho a tu amigo sin pasarte a su bando?

En el amigo se debe tener el mejor enemigo. Debes estarle lo más próximo con el corazón cuando le opones resistencia.

¿No quieres llevar vestido alguno delante de tu amigo? ¿Debe ser un honor para tu amigo el que te ofrezcas a él tal como eres? ¡Pero él te manda al diablo por esto!

El que no se recata, indigna: ¡tanta razón tenéis para temer la desnudez! ¡Sí, si fueseis dioses, entonces os sería lícito avergonzaros de vuestros vestidos!<ref name="avergonzarosdevuestrosvestidos">Reminiscencia de la frase de Séneca ([//es.wikisource.org/wiki/Cartas_a_Lucilio_-_Carta_31 carta 31]): ''Deus nudus est'' (Dios está desnudo).</ref>

Nunca te adornarás bastante bien para tu amigo: pues debes ser para él una flecha y un anhelo hacia el superhombre.

¿Has visto ya dormir a tu amigo – para conocer cuál es su aspecto?<ref name="verdormiralamigo">Véase la [//es.wikisource.org/wiki/As%C3%AD_habl%C3%B3_Zaratustra2#cite_note-VerAlaCaraatodoloqueduerme-30 nota 31].</ref> ¿Pues qué es, por lo demás, el rostro de tu amigo? Es tu propio rostro, en un espejo áspero e imperfecto.

¿Has visto ya dormir a tu amigo? ¿No te horrorizaste de que tu amigo tuviese tal aspecto? Oh, amigo mío, el hombre es algo que tiene que ser superado.

En el adivinar y en el permanecer callado debe ser maestro el amigo: tú no tienes que querer ver todo. Tu sueño debe revelarte lo que tu amigo hace en la vigilia.

Un adivinar sea tu compasión: para que sepas primero si tu amigo quiere compasión. Tal vez él ame en ti los ojos firmes y la mirada de la eternidad.

Escóndase bajo una dura cáscara la compasión por el amigo, debes dejarte un diente en ésta. Así tendrá su delicadeza y dulzura.

¿Eres tú aire puro, y soledad, y pan, y medicina para tu amigo? Más de uno no puede librarse de sus propias cadenas y es, sin embargo, un redentor para el amigo.

¿Eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo. ¿Eres un tirano? Entonces no puedes tener amigos<ref name="esclavoytirano">Zaratustra condensa en este párrafo la doctrina griega sobre la amistad expuesta por Platón en ''La república'' ([//es.wikisource.org/wiki/La_Rep%C3%BAblica:_Libro_IX#576a 576 a]) y por Aristóteles en la ''Etica a Nicómaco'' ([//es.wikisource.org/wiki/%C3%89tica_a_Nic%C3%B3maco:_Libro_8#1161a_30 1161 a 30] - [//es.wikisource.org/wiki/%C3%89tica_a_Nic%C3%B3maco:_Libro_8#1161b_10 b 10]).</ref>.

Durante demasiado tiempo se ha encubierto en la mujer un esclavo y un tirano. Por ello la mujer no es todavía capaz de amistad: sólo conoce el amor.

En el amor de la mujer hay injusticia y ceguera frente a todo lo que ella no ama. Y hasta en el amor sapiente de la mujer continúa habiendo siempre agresión inesperada y rayo y noche al lado de la luz.

La mujer no es todavía capaz de amistad: gatas continúan siendo siempre las mujeres, y pájaros. O, en el mejor de los casos, vacas.

La mujer no es todavía capaz de amistad. Pero decidme, varones, ¿quién de vosotros es capaz de amistad?

¡Cuánta pobreza, varones, y cuánta avaricia la de vuestra alma! Lo que vosotros dais al amigo, eso quiero darlo yo hasta a mi enemigo, y no por eso me habré vuelto más pobre.

Existe la camaradería: ¡ojalá exista la amistad!


Así habló Zaratustra.

=== De las mil metas y de la ''única'' meta<ref name="milmetasylaunicameta">Suele traducirse este título por: «De las mil y una metas.» Como se verá por el desarrollo de todo el capítulo y sobre todo por los párrafos finales, Nietzsche no se ha querido dejar llevar por la expresión popular en todos los idiomas: «las mil y una», sino que, como él mismo dice: «Mil metas ha habido hasta ahora, pues mil pueblos ha habido. Sólo falta la cadena de las mil cervices, falta ''la única meta''.» La versión aquí dada, «De las mil metas y de la ''única'' meta», se apoya en el hecho de haber escrito Nietzsche: ''Von tausend und Einem Ziele'', en lugar de: ''Von tausend und einem Ziele'', como habría escrito si hubiera querido decir: «De las mil y una metas.»</ref> ===

Muchos países ha visto Zaratustra, y muchos pueblos: así ha descubierto el bien y el mal de muchos pueblos. Ningún poder mayor ha encontrado Zaratustra en la tierra que las palabras bueno y malvado.

Ningún pueblo podría vivir sin antes realizar valoraciones; mas si quiere conservarse, no le es lícito valorar como valora el vecino.

Muchas cosas que este pueblo llamó buenas, aquel otro llamó afrenta y vergüenza: esto es lo que yo he encontrado.
Muchas cosas encontré llamadas aquí malvadas y allí adornadas con honores de púrpura.

Jamás un vecino ha entendido al otro: siempre su alma se asombraba de la demencia y de la maldad del vecino.

Una tabla de valores está suspendida sobre cada pueblo. Mira, es la tabla de sus superaciones; mira, es la voz de su voluntad de poder<ref name="1voluntaddepoder">Primera aparición de la expresión «voluntad de poder»; a este concepto se le dedicará sobre todo, en la segunda parte, el capítulo titulado ''De la superación de sí mismo''.</ref>.

Alabable es aquello que le parece difícil; a lo que es indispensable y difícil lo llama bueno; y a lo que libera incluso de la suprema necesidad, a lo más raro, a lo más difícil, – a eso lo ensalza como santo.

Lo que hace que él domine y venza y brille, para horror y envidia de su vecino: eso es para él lo elevado, lo primero, la medida, el sentido de todas las cosas.

En verdad, hermano mío, si has conocido primero la necesidad y la tierra y el cielo y el vecino de un pueblo: adivinarás sin duda la ley de sus superaciones y la razón de que suba por esa escalera hacia su esperanza.

»Siempre debes ser tú el primero y aventajar a los otros<ref name="seelprimeroyaventajaalosotros">Esta divisa del honor de la sociedad aristocrática griega tiene su expresión clásica en el verso 208 del libro [//es.wikisource.org/wiki/La_Il%C3%ADada_-_Canto_6 VI] de ''La Ilíada'': «Siempre ser el mejor y estar por encima de los demás». Idénticas palabras se repiten en el verso 784 del libro [//es.wikisource.org/wiki/La_Il%C3%ADada_-_Canto_11 XI], donde aparecen como consejo del anciano Peleo a su hijo Aquiles.</ref>: tu alma celosa no debe amar a nadie, excepto al amigo» – esto hacía temblar el alma de un griego: y con ello siguió la senda de su grandeza.

»Decir la verdad y saber manejar bien el arco y la flecha« – esto le parecía precioso y a la vez difícil a aquel pueblo<ref name="decirverdadymanejarbienarcoyflecha">El pueblo persa. Véase también ''Ecce homo'': «Decir la verdad y disparar bien con flechas, ésa es la virtud persa».</ref> del que proviene mi nombre – el nombre que es para mí a la vez precioso y difícil.

»Honrar padre y madre y ser dóciles para con ellos hasta la raíz del alma«: ésta fue la tabla de la superación que otro pueblo suspendió por encima de sí, y con ello se hizo poderoso y eterno<ref name="honrarpadreymadreyserdócilparaconellos">El pueblo judío. Véase ''Éxodo'', 20,12: «Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años en la tierra que Yahvé, tu Dios, va a darte».</ref>.

»Guardar fidelidad y dar por ella el honor y la sangre aun por causas malvadas y peligrosas«: con esta enseñanza se domeñó a sí mismo otro pueblo<ref name="guardarfidelidadydarporellahonorysangre">El pueblo alemán.</ref> y domeñándose así quedó grávido y pesado de grandes esperanzas.

En verdad, los hombres se han dado a sí mismos todo su bien y todo su mal. En verdad, no los tomaron, no los encontraron, éstos no cayeron sobre ellos como una voz del cielo.

Para conservarse, el hombre empezó poniendo valores en las cosas, – ¡él fue el primero en crear un sentido a las cosas, un sentido humano! Por ello se llama »hombre«, es decir: el que realiza valoraciones<ref name=elquerealizavaloraciones">Nietzsche basa esta afirmación suya en su creencia de que la palabra alemana ''Mensch'' (hombre) viene del latín ''mensuratio'' (medida). Esta misma opinión la aduce también en ''La genealogía de la moral''.</ref>.

Valorar es crear: ¡oídlo, creadores! El valorar mismo es el tesoro y la joya de todas las cosas valoradas.

Sólo por el valorar existe el valor: y sin el valorar estaría vacía la nuez de la existencia. ¡Oídlo, creadores!

Cambio de los valores – es cambio de los creadores. Siempre aniquila el que tiene que ser un creador.

Creadores fueron primero los pueblos, y sólo más tarde los individuos; en verdad, el individuo mismo es todavía la más reciente creación.

Los pueblos suspendieron en otro tiempo por encima de sí una tabla del bien. El amor que quiere dominar y el amor que quiere obedecer crearon juntos para sí tales tablas.

El placer de ser rebaño es más antiguo que el placer de ser un yo: y mientras la buena conciencia se llame rebaño, sólo la mala conciencia dice: yo.

En verdad, el yo astuto, carente de amor, el que quiere su utilidad en la utilidad de muchos: ése no es el origen del rebaño, sino su ocaso.

Amantes fueron siempre, y creadores, los que crearon el bien y el mal. Fuego de amor arde en los nombres de todas las virtudes, y fuego de cólera.

Muchos países ha visto Zaratustra, y muchos pueblos: ningún poder mayor ha encontrado Zaratustra en la tierra que las obras de los amantes: »bueno« y »malvado« es el nombre de tales obras.

En verdad, un monstruo es el poder de ese alabar y censurar. Decidme, hermanos míos, ¿quién me lo domeña? Decidme, ¿quién lanza el grillete sobre las mil cervices de ese animal?

Mil metas ha habido hasta ahora, pues mil pueblos ha habido. Sólo falta el grillete de las mil cervices, falta la ''única'' meta. Todavía no tiene la humanidad meta alguna.

Mas decidme, hermanos míos: si a la humanidad le falta todavía la meta, ¿no falta todavía también – ella misma? –


Así habló Zaratustra.

=== Del amor al prójimo ===

Vosotros os apretujáis alrededor del prójimo y tenéis hermosas palabras para ello. Pero yo os digo: vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos.

Huis hacia el prójimo huyendo de vosotros mismos, y quisierais hacer de eso una virtud: pero yo veo a través de vuestro »desinterés«.

El tú es más antiguo que el yo; el tú ha sido santificado, pero el yo, todavía no: por eso se apretuja el hombre hacia el prójimo.

¿Os aconsejo yo el amor al prójimo? ¡Prefiero aconsejaros la huida del prójimo y el amor al lejano!<ref name="Fernsten">''Náchste'', ''Fernste''. La circunstancia de que ''der Nächste'' (el prójimo) sea en alemán un superlativo (''nahe'', cerca: ''Nachbar'', vecino; ''Nächste'', prójimo, o, si se quiere, el «más próximo de todos») permite a Nietzsche ampliar verbalmente la distancia entre los dos extremos y decir: ''der Fernste'' (el más lejano de todos), en lugar de ''der Ferne'' (el lejano), que sería, en castellano, lo contrario del prójimo (próximo). El «amor al prójimo» es un precepto bíblico: ''Levítico'', 19, 18; ''Evangelio de Mateo'', 22, 39; ''Evangelio de Marcos'', 12, 31: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.»</ref>

Más elevado que el amor al prójimo es el amor al lejano y al venidero; más elevado aún que el amor a los hombres es el amor a las cosas y a los fantasmas.

Ese fantasma que corre delante de ti, hermano mío, es más hermoso que tú; ¿por qué no le das tu carne y tus huesos? Pero tú tienes miedo y corres hacia tu prójimo.

No os soportáis a vosotros mismos y no os amáis bastante: por eso queréis seducir al prójimo a que ame, y doraros a vosotros con su error.

Yo quisiera que no soportaseis a ninguna clase de prójimo ni a sus vecinos; así tendríais que crear, sacándolo de vosotros mismos, vuestro amigo y su corazón exuberante.

Invitáis a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros mismos; y una vez que lo habéis seducido a pensar bien de vosotros, también vosotros mismos pensáis bien de vosotros.

No miente tan sólo aquel que habla en contra de lo que sabe, sino ante todo aquel que habla en contra de lo que no sabe. Y así es como vosotros habláis de vosotros en sociedad, y junto con vosotros mentís al vecino.

Así habla el necio: »el trato con hombres estropea el carácter, especialmente si no se tiene ninguno.«

El uno va al prójimo porque se busca a sí mismo, y el otro, porque quisiera perderse. Vuestro mal amor a vosotros mismos es lo que os hace la soledad una prisión.

Los más lejanos<ref name="Ferneren">Véase la nota anterior.</ref> son los que pagan vuestro amor al prójimo; y cuando ya os juntáis cinco, siempre tiene que morir un sexto.

Yo no amo tampoco vuestras fiestas<ref name="noamotampocovuestrasfiestas">Véase ''Amós'', 5, 21: «Yo, odio y aborrezco vuestras fiestas» (palabras de Yahvé a los hebreos).</ref>: demasiados comediantes he encontrado en ellas, y también los espectadores se comportaban a menudo como comediantes.

Yo no os enseño el prójimo, sino el amigo. Sea el amigo para vosotros la fiesta de la tierra y un presentimiento del superhombre.

Yo os enseño el amigo y su corazón rebosante. Pero hay que saber ser una esponja si se quiere ser amado por corazones rebosantes.

Yo os enseño el amigo en el que el mundo se encuentra terminado, una copa del bien, – el amigo creador, que siempre tiene un mundo terminado que regalar.

Y así como el mundo se desplegó para él, así volverá a plegársele en anillos, como el devenir del bien a través del mal, como el devenir de las finalidades a partir del azar.

El futuro y lo lejano sean para ti la causa de tu hoy: en tu amigo debes amar al superhombre como causa de ti. 

Hermanos míos, yo no os aconsejo el amor al prójimo: yo os aconsejo el amor al lejano.


Así habló Zaratustra.

=== Del camino del creador ===

¿Quieres marchar, hermano mío, a la soledad? ¿Quieres buscar el camino a ti mismo? Deténte un poco y escúchame.

»El que busca, fácilmente se pierde a sí mismo. Todo irse a la soledad es culpa«: así habla el rebaño. Y tú has formado parte del rebaño durante mucho tiempo.

La voz del rebaño continuará resonando dentro de ti. Y cuando digas »yo ya no tengo ''una'' conciencia en común con vosotros«, eso será un lamento y un dolor.

Mira, aquella conciencia ''única'' dio a luz también ese dolor: y el último resplandor de aquella conciencia continúa brillando sobre tu tribulación.

Pero ¿tú quieres recorrer el camino de tu tribulación, que es el camino a ti mismo? ¡Muéstrame entonces tu derecho y tu fuerza para hacerlo!

¿Eres tú una nueva fuerza y un nuevo derecho? ¿Un primer movimiento? ¿Una rueda que se mueve por sí misma?<ref name="ruedaquesemueveporsimisma2">Véase antes ''[//es.wikisource.org/wiki/As%C3%AD_habl%C3%B3_Zaratustra#De_las_tres_transformaciones De las tres transformaciones]'', la descripción del niño: «El niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un sí sagrado».</ref> ¿Puedes forzar incluso a las estrellas a que giren a tu alrededor?

¡Ay, existe tanta ansia por las alturas! ¡Existen tantas convulsiones de los ambiciosos! ¡Muéstrame que tú no eres un ansioso ni un ambicioso!

Ay, existen tantos grandes pensamientos que no hacen más que lo que un fuelle: inflan y se hacen más vacíos.

¿Te llamas libre? Quiero oír tu pensamiento dominante, y no que has escapado de un yugo.

¿Eres tú alguien al que le sea ''lícito'' escapar de un yugo? Más de uno hay que arrojó su último valor cuando arrojó su servidumbre.

¿Libre de qué? ¡Qué importa eso a Zaratustra! Tus ojos deben anunciarme con claridad: ¿libre ''para qué''?

¿Puedes darte a ti mismo tu bien y tu mal y suspender tu voluntad por encima de ti como una ley? ¿Puedes ser juez para ti mismo y vengador de tu ley?

Terrible cosa es hallarse solo con el juez y vengador de la propia ley. Así es arrojada una estrella al espacio vacío y al soplo helado del hallarse solo.

Hoy sufres todavía a causa de los muchos, tú que eres uno solo: hoy tienes todavía todo tu valor y todas tus esperanzas. Mas alguna vez la soledad te fatigará, alguna vez tu orgullo se curvará y tu valor rechinará los dientes. Alguna vez gritarás »¡estoy solo!«

Alguna vez dejarás de ver tu altura y verás demasiado cerca tu bajeza; tu sublimidad misma te atemorizará como un fantasma. Alguna vez gritarás: »¡Todo es falso!«<ref name="todoesfalso">Un desarrollo de esta idea puede verse en ''La genealogía de la moral'', apartado tercero, «¿Qué significan los ideales ascéticos?». También aquí se alude más adelante a esto mismo: véase, en la cuarta parte, ''La sombra''.</ref>

Hay sentimientos que quieren matar al solitario; ¡si no lo consiguen, ellos mismos tienen que morir entonces! Mas ¿eres tú capaz de ser asesino?

¿Conoces ya, hermano mío, la palabra »desprecio«? ¿Y el tormento de tu justicia, de ser justo con quienes te desprecian?

Tú fuerzas a muchos a cambiar de doctrina acerca de ti; esto te lo hacen pagar caro. Te acercaste a ellos y pasaste de largo: esto no te lo perdonan nunca.

Tú caminas por encima de ellos<ref name="tucaminasporencimadellos">Véase, en la segunda parte, ''De los doctos''.</ref>: pero cuanto más alto subes, tanto más pequeño te ven los ojos de la envidia. El más odiado de todos es, sin embargo, el que vuela.

»¡Cómo querríais ser justos conmigo!« – tienes que decir – »yo elijo para mí vuestra injusticia como la parte que me ha sido asignada.«

Injusticia y suciedad arrojan ellos al solitario: pero, hermano mío, si quieres ser una estrella, ¡no tienes que iluminarlos menos por eso!

¡Y guárdate de los buenos y justos! Con gusto crucifican a quienes se inventan su propia virtud – odian al solitario.

¡Guárdate también de la santa simplicidad!<ref name="santasimplicidad">O ''sancta simplicitas'' es frase que se dice pronunciada por Juan Hus (1369-1415) cuando, encontrándose sobre la hoguera a que se le había condenado por hereje, vio cómo una viejecilla, movida por su celo religioso, arrojaba más leña a las llamas en que aquél ardía.</ref> Para ella no es santo lo que no es simple; también le gusta jugar con el fuego – de la hoguera.

¡Y guárdate también de los impulsos de tu amor! Demasiado rápido tiende el solitario la mano a aquel con quien se encuentra.

A ciertos hombres no te es lícito darles la mano, sino sólo la pata: y yo quiero que tu pata tenga garras también.

Pero el peor enemigo con que puedes encontrarte serás siempre tú mismo; a ti mismo te acechas tú en las cavernas y en los bosques.

¡Solitario, tú recorres el camino a ti mismo! ¡Y tu camino pasa al lado de ti mismo y de tus siete demonios!

Un hereje serás para ti mismo, y una bruja y un hechicero y un necio y un escéptico y un impío y un malvado.

Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: ¡cómo te renovarías si antes no eres convertido en ceniza!

Solitario, tú recorres el camino del creador: ¡con tus siete demonios quieres crearte para ti un Dios!

Solitario, tú recorres el camino del amante: te amas a ti mismo y por ello te desprecias como sólo los amantes saben despreciar.

¡El amante quiere crear porque desprecia! ¡Qué sabe del amor el que no tuvo que despreciar precisamente aquello que amaba!

Vete a tu soledad con tu amor y con tu crear, hermano mío; y sólo más tarde te seguirá la justicia cojeando.

Vete con mis lágrimas a tu soledad, hermano mío. Yo amo a quien quiere crear por encima de sí mismo y por ello perece. –


Así habló Zaratustra.

=== De viejecillas y de jovencillas ===

»¿Por qué te deslizas furtiva y tan esquivamente en el crepúsculo, Zaratustra? ¿Y qué es lo que escondes con tanto cuidado bajo tu manto?

¿Es un tesoro que te han regalado? ¿O un niño que te ha nacido? ¿O es que tú mismo sigues ahora los caminos de los ladrones, tú amigo de los malvados?« –

¡En verdad, hermano mío!, dijo Zaratustra, es un tesoro que me han regalado: es una pequeña verdad lo que llevo conmigo. Pero es revoltosa como un niño pequeño;

=== De la picadura de la víbora ===

=== Del hijo y del matrimonio ===

=== De la muerte libre ===

=== De la virtud que hace regalos ===
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==== 2 ====
==== 3 ====

== Segunda Parte ==

== Tercera Parte ==
== Cuarta Parte ==
=== El signo ===

A la mañana después de aquella noche, Zaratustra se levantó de su lecho, se ciñó los riñones<ref name="CeñirseLosRiñones">«Ceñirse los riñones» es expresión bíblica. Véase 1 Reyes, 18, 46: «Fue sobre Elías la mano de Yahvé, que ciñó sus riñones, y vino corriendo a Jezrael delante de Ajab».</ref> y salió de su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas.

»Tú gran astro«, dijo, como había dicho en otro tiempo<ref name="TúGranAstroII">Zaratustra reproduce aquí la misma invocación al sol que pronunció al comienzo de la obra; véase el [//es.wikisource.org/wiki/As%C3%AD_habl%C3%B3_Zaratustra2#cite_ref-T.C3.BAGranAstro_2-0 Prólogo de Zaratustra, 1].</ref>, »profundo ojo de felicidad, ¡qué sería de toda tu felicidad si no tuvieras a ''aquellos'' a quienes iluminas!

Y si ellos permaneciesen en sus aposentos mientras tú estás ya despierto y vienes y regalas y repartes: ¡cómo se irritaría contra esto tu orgulloso pudor!

¡Bien!, ellos duermen todavía, esos hombres superiores, mientras que ''yo'' estoy despierto: ¡''ésos'' no son mis adecuados compañeros de viaje! No es a ellos a quienes yo aguardo aquí en mis montañas.

A mi obra quiero ir, a mi día: mas ellos no comprenden cuáles son los signos de mi mañana, mis pasos – no son para ellos un toque de diana.

Ellos duermen todavía en mi caverna, sus sueños siguen bebiendo de mis cantos de embriaguez. El oído que me escuche a ''mí'', – el oído ''obediente'' falta en sus miembros.«

– Esto había dicho Zaratustra a su corazón mientras el sol se elevaba: entonces se puso a mirar inquisitivamente hacia la altura, pues había oído por encima de sí el agudo grito de su águila. »¡Bien!« exclamó hacia arriba, »así me gusta y me conviene. Mis animales están despiertos, pues yo estoy despierto.

Mi águila está despierta y honra, igual que yo, al sol. Con garras de águila aferra la nueva luz. Vosotros sois mis animales adecuados; yo os amo.

¡Pero todavía me faltan mis hombres adecuados!« –

Así habló Zaratustra; y entonces ocurrió que de repente se sintió como rodeado por bandadas y revoloteos de innumerables pájaros – el rumor de tantas alas y el tropel en torno a su cabeza eran tan grandes que cerró los ojos. Y, en verdad, sobre él había caído algo semejante a una nube, semejante a una nube de flechas que se descarga sobre un nuevo enemigo. Pero he aquí que se trataba de una nube de amor, y caía sobre un nuevo amigo.

»¿Qué me ocurre?«, pensó Zaratustra en su asombrado corazón, y lentamente se dejó caer sobre la gran piedra que se hallaba junto a la salida de su caverna. Pero mientras movía las manos a su alrededor y encima y debajo de sí, y se defendía de los cariñosos pájaros, he aquí que le ocurrió algo aún más raro: su mano se posó, en efecto de manera imprevista sobre una espesa y cálida melena y al mismo tiempo resonó delante de él un rugido, - un suave y prolongado rugido de león.

»''El signo llega''«, dijo Zaratustra, y su corazón se transformó. Y, en verdad, cuando se hizo claridad delante de él vio que a sus pies yacía un amarillo y poderoso animal, el cual estrechaba su cabeza entre sus rodillas y no quería apartarse de él a causa de su amor, y actuaba igual que un perro que vuelve a encontrar a su viejo dueño. Mas las palomas no eran menos vehementes en su amor que el león; y cada vez que una paloma se deslizaba sobre la nariz del león, el león sacudía la cabeza y se maravillaba y reía de ello.

A todos ellos Zaratustra les dijo tan sólo una única frase: »''mis hijos están cerca, mis hijos''« –, entonces enmudeció del todo. Mas su corazón estaba aliviado y de sus ojos goteaban lágrimas y caían en sus manos. Y no prestaba ya atención a ninguna cosa, y estaba allí sentado, inmóvil y sin defenderse ya de los animales. Entonces las palomas se pusieron a volar de un lado para otro y se le posaban sobre los hombros y acariciaban su blanco cabello y no se cansaban de su cariño y su júbilo. El fuerte león, en cambio, lamía siempre las lágrimas que caían sobre las manos de Zaratustra y rugía y gruñía tímidamente. Así se comportaban aquellos animales. –

Todo esto duró mucho tiempo, o poco tiempo: pues, hablando propiamente, para tales cosas ''no'' existe en la tierra tiempo alguno. – Mas entretanto los hombres superiores que estaban dentro de la caverna de Zaratustra se habían despertado y se disponían para salir en procesión a su encuentro y ofrecerle el saludo matinal: pues habían encontrado, al despertarse, que él no se hallaba ya entre ellos. Mas cuando llegaron a la puerta de la caverna, y el ruido de sus pasos los precedía, el león enderezó las orejas con violencia, se apartó súbitamente de Zaratustra y saltó, rugiendo salvajemente, hacia la caverna; los hombres superiores, cuando le oyeron rugir, gritaron todos como con ''una sola'' boca y retrocedieron huyendo y en un instante desaparecieron.

Mas Zaratustra, aturdido y distraído, se levantó de su asiento, miró a su alrededor, permaneció de pie sorprendido, interrogó a su corazón, volvió en sí, y estuvo solo. »¿Qué es lo que he oído?« dijo por fin lentamente, »¿qué es lo que me acaba de ocurrir?«

Y ya el recuerdo volvía a él, y comprendió con ''una sola'' mirada todo lo que había acontecido entre ayer y hoy. »Aquí está, en efecto, la piedra«, dijo y se acarició la barba, »en ''ella'' me encontraba sentado ayer por la mañana; y aquí se me acercó el adivino, y aquí oí por vez primera el grito que acabo de oír, el gran grito de socorro.

Oh vosotros hombres superiores, ''vuestra'' necesidad fue la que aquel viejo adivino me vaticinó ayer por la mañana, –

– a acudir a vuestra necesidad quería seducirme y tentarme: oh Zaratustra, me dijo, yo vengo para seducirte a tu último pecado.

¿A mi último pecado?, exclamó Zaratustra y furioso se rió de sus últimas palabras: ¿''qué'' se me había reservado como mi último pecado?«

– Y una vez más Zaratustra se abismó dentro de sí y volvió a sentarse sobre la gran piedra y reflexionó. De repente se levantó de un salto, –

»''¡Compasión! ¡La compasión por el hombre superior!''«, gritó, y su rostro se endureció como el bronce. »''¡Bien! ¡Eso'' – tuvo su tiempo!

Mi sufrimiento y mi compasión - ¡qué importan! ¿Aspiro yo acaso a la ''felicidad''? ¡Yo aspiro a mi ''obra''!

¡Bien! El león ha llegado, mis hijos están cerca, Zaratustra está ya maduro, mi hora ha llegado: –

Ésta es ''mi'' mañana, ''mi'' día comienza: ''¡asciende, pues, asciende tú, gran mediodía!''« – –

Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas.

== Notas ==

<references />


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[[Categoría:Así habló Zaratustra]]
[[Categoría:Literatura alemana (Títulos)]]

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