Difference between revisions 570483 and 570505 on eswikisource{{endesarrollo}} {{encabezado| [[Así habló Zaratustra]]<br> |[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]]}} == Prólogo == ===1 <ref name="PrólogoA">''Así habló Zaratustra'' reproduce literalmente el aforismo ''[//es.wikisource.org/wiki/La_Gaya_Ciencia#342._Comienza_la_tragedia 342]'' de ''La gaya ciencia''; sólo «el lago Urmi», que allí aparece, es aquí sustituido por «el lago de su patria». El mencionado aforismo lleva el título ''Incipit tragedia'' (Comienza la tragedia) y es el último del libro cuarto de ''La gaya ciencia'', titulado ''Sanctus Januarius'' (San Enero).</ref> === Cuando Zaratustra tenía treinta años<ref name="TreintaAños">Es la edad en que Jesús comienza su predicación. Véase el ''Evangelio de Lucas'', 3, 23: «Éste era Jesús, que al empezar tenía treinta años». En el buscado antagonismo entre Zaratustra y Jesús es ésta la primera de las confrontaciones. Como podrá verse por toda la obra, Zaratustra es en parte una antifigura de Jesús. Y así, la edad en que Jesús comienza a predicar es aquella en que Zaratustra se retira a las montañas con el fin de prepararse para su tarea. Inmediatamente después aparecerá una segunda contraposición entre ambos: Jesús pasó sólo cuarenta días en el desierto; Zaratustra pasará diez años en las montañas.</ref>, abandonó su patria y el lago de su patria y fue a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de ello. Pero finalmente su corazón se transformó, - y una mañana se levantó con la aurora, se paró ante el sol y le habló así: »¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!<ref name="TuGranAstro">Zaratustra volverá a pronunciar esta misma invocación al sol al final de la obra. Véase, en la cuarta parte, ''El signo''.</ref> Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, sin mi águila y mi serpiente<ref name="ÁguilaSerpiente">Los dos animales heráldicos de Zaratustra representan, respectivamente, su voluntad y su inteligencia. Le harán compañía en numerosas ocasiones y actuarán incluso como interlocutores suyos, sobre todo en el importantísimo capítulo de la tercera parte titulado ''El convaleciente''.</ref> te habrías hartado de tu luz y de este camino. Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, tomábamos de ti tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría, como la abeja que ha recogido demasiada miel, requiero de manos que se extiendan. Quisiera regalar y repartir, hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a alegrarse de su locura, y los pobres, de su riqueza. Para ello tengo que descender a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar y llevas luz incluso al submundo, ¡astro superrico! Tengo, al igual que tú, que ''hundirme en mi ocaso''<ref name="untergehenI">''Untergehen''. Es una de las palabras-clave en la descripción de la figura de Zaratustra. Este verbo alemán contiene varios matices que con dificultad podrán conservarse simultáneamente en la traducción castellana. ''Untergehen'' es en primer término, literalmente, «caminar (''gehen'') hacia abajo (''unter'')». Zaratustra, en efecto, baja de las montañas. En segundo lugar es término usual para designar la «puesta del sol», el «ocaso». Y Zaratustra dice bien claro que quiere actuar como el sol al atardecer, esto es, «ponerse». En tercer término, ''Untergehen'' y el sustantivo ''Untergang'' se usan con el significado de hundimiento, destrucción, decadencia. Así, el título de la obra famosa de Spengler es Der ''Untergang des Abendlandes'' (traducido por ''La decadencia de Occidente''). También Zaratustra se hunde en su tarea y fracasa. Su tarea, dice varias veces, lo destruye. Aquí se ha adoptado como ''terminus technicus'' castellano para traducir ''Untergehen'' el de «hundirse en su ocaso», que parece conservar los tres sentidos. De todas maneras, Nietzsche juega en innumerables ocasiones con esta palabra alemana compuesta y la contrapone a otras palabras asimismo compuestas. Por ejemplo, contrapone y une ''Untergang'' y ''Ubergang''. ''Übergang'' es «pasar al otro lado» por encima de algo, pero también significa «transición». El hombre, dirá Zaratustra, es «un tránsito y un ocaso». Esto es, al hundirse en su ocaso, como el sol, pasa al otro lado (de la tierra, se entiende, según la vieja creencia). Y «pasar al otro lado» es superarse a sí mismo y llegar al superhombre.</ref>, como lo llaman los hombres a quienes quiero bajar. Así pues, ¡bendíceme, ojo apacible, que puedes mirar sin envidia incluso una felicidad tan excesiva! ¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que fluyan de ella las doradas aguas, y lleve a todas partes el reflejo de tu deleite! ¡Mira! Esta copa quiere volver a tornarse vacía, y Zaratustra quiere volver a tornarse hombre.« – Así comenzó el ocaso de Zaratustra<ref name="OcasoI">Esta misma frase se repite luego. El «ocaso» de Zaratustra termina hacia el final de la tercera parte, en el capítulo titulado ''El convaleciente'', donde se dice: «Así - ''acaba'' el ocaso de Zaratustra».</ref>. ===2=== Zaratustra bajó solo de las montañas sin encontrar a nadie. Pero cuando llegó a los bosques surgió de pronto ante él un anciano que había abandonado su santa cabaña para buscar raíces en el bosque<ref name="AncianoI">Hacia el final de la obra el papa jubilado vendrá en busca de este anciano eremita y encontrará que ha muerto; véase, en la cuarta parte, ''Jubilado''.</ref>. Y el anciano habló así a Zaratustra: »No me es desconocido este caminante: hace algunos años pasó por aquí. Zaratustra se llamaba; pero se ha transformado. Entonces llevabas tu ceniza a la montaña<ref name="CenizaI">Véase, en esta primera parte, De los ''trasmundanos'', y Del ''camino del creador'', y en la segunda parte, ''El adivino'', donde vuelve a aparecer la referencia a las cenizas. La ceniza es símbolo de la cremación y el rechazo de los falsos ideales juveniles.</ref>: ¿quieres hoy llevar tu fuego a los valles? ¿No temes los castigos al incendiario? Sí, reconozco a Zaratustra. Puro es su ojo, y en su boca no se esconde náusea alguna<ref name="POAAB">La pureza de los ojos y la ausencia de asco en la boca son atributos de Zaratustra a los que se hace referencia en numerosas ocasiones; véase, por ejemplo, en la segunda parte, De los ''sublimes'', y en la cuarta, ''El mendigo voluntario''.</ref>. ¿No viene hacia acá como un bailarín? Zaratustra está transformado, Zaratustra se ha convertido en un niño, Zaratustra es un despierto<ref name="Despierto">«El despierto» es un calificativo usual de Buda, que aquí se aplica a Zaratustra.</ref>: ¿qué quieres ahora entre los durmientes? En la soledad vivías como en el mar, y el mar te llevaba. Ay, ¿quieres bajar a tierra? Ay, ¿quieres volver a arrastrar tú mismo tu cuerpo?« Zaratustra respondió: »Amo a los hombres«. »¿por qué«, dijo el santo, »me he venido yo a los bosques y a las soledades? ¿No fue acaso porque amaba demasiado a los hombres? Ahora amo a Dios: a los hombres no los amo. El hombre es para mí una cosa demasiado imperfecta. El amor al hombre me mataría.« Zaratustra respondió: »¡Qué decía yo del amor! ¡Lo que yo traigo a los hombres es un regalo!« »No les des nada«, dijo el santo. »Quítales mejor alguna cosa y llévala junto con ellos - eso es lo que más bien les hará: ¡sólo si te hace bien a ti! ¡Y si quieres darles algo, no les des más que una limosna, y deja que además la mendiguen!« »No«, respondió Zaratustra, »yo no doy limosnas. No soy bastante pobre para eso.« El santo se rió de Zaratustra y dijo: »¡Entonces cuida de que acepten tus tesoros! Ellos desconfían de los eremitas y no creen que vayamos para hacer regalos. Nuestros pasos les suenan demasiado solitarios por las callejas. Y cuando por las noches, estando en sus camas, oyen caminar a un hombre mucho antes de que el sol salga, se preguntan: ¿adónde irá el ladrón?<ref name="Ladrón">Alusión a ''1 Tesalonicenses'', 5, 2: «Pues sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón de noche».</ref> ¡No vayas donde los hombres y quédate en los bosques! ¡Vé mejor aún donde los animales! ¿Por qué no quieres ser como yo - un oso entre los osos, un pájaro entre los pájaros?« »¿Y qué hace el santo en los bosques?« preguntó Zaratustra. El santo respondió: »Hago canciones y las canto; y cuando hago canciones, río, lloro y murmuro: así alabo a Dios. Con cantos, lágrimas, risas y murmullos alabo al Dios que es mi Dios. Mas ¿qué nos traes tú de regalo?« Cuando Zaratustra hubo oído estas palabras, se despidió del santo y le dijo: »¡Qué tendría yo que darte! ¡Pero dejadme que me vaya rápido, para que no os quite nada!« – Y así se separaron el uno del otro, el anciano y el hombre, riendo como ríen dos muchachos. Mas cuando Zaratustra estuvo solo, habló así a su corazón: »¡Será posible! ¡Este viejo santo no ha oído todavía nada en su bosque de que ''Dios ha muerto''!«<ref name="DiosHaMuerto">La idea de la muerte de Dios, que recorre la obra entera, y su ignorancia por parte del santo eremita, será tema de conversación entre Zaratustra y el papa jubilado cuando ambos hablen del eremita ya fallecido. Véase, en la cuarta parte, ''Jubilado''.</ref> – ===3=== Cuando Zaratustra llegó a la ciudad más próxima, enclavada en los bosques, encontró allí a mucha gente reunida en el mercado<ref name="markt">''Markt'' es la palabra empleada por Nietzsche, que aquí se traduce literalmente por mercado. No se refiere sólo al lugar de compra y venta de mercancías, sino, en general, al lugar amplio donde se reúne la gente, es decir, a la plaza pública. Todavía hoy la plaza central de muchas ciudades alemanas se denomina ''Marktplatz''.</ref>: pues se había prometido que se vería a un equilibrista. Y Zaratustra habló así al pueblo: ''Yo os enseño el superhombre''<ref name="superhombre">Sobre el «superhombre», expresión que ha dado lugar a tantos malentendidos, dice el propio Nietzsche en ''Ecce homo'': «La palabra ''“superhombre”'', que designa un tipo de óptima constitución, en contraste con los hombres “modernos”, con los hombres “buenos”, con los cristianos y demás nihilistas, una palabra que, en boca de Zaratustra, el ''aniquilador'' de la moral, se convierte en una palabra muy digna de reflexión, ha sido entendida, casi en todas partes, con total inocencia, en el sentido de aquellos valores cuya antítesis se ha manifestado en la figura de Zaratustra, es decir, ha sido entendida como tipo “idealista” de una especie superior de hombre, mitad “santo”, mitad “genio”».</ref>. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Hasta ahora todos los seres han creado algo por encima de sí mismos. ¿Y vosotros queréis ser el reflujo de ese gran flujo y retroceder al animal en vez de superar al hombre? ¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y eso mismo debe ser el hombre para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa<ref name="mono">Eco de los fragmentos 82 y 83 de Heráclito (Diels-Kranz): «El más bello de los monos es feo al compararlo con la raza de los humanos.» «El más sabio de entre los hombres parece, respecto de Dios, mono en sabiduría, en belleza y en todo lo demás.»</ref>. Habéis recorrido el camino del gusano hasta el hombre, y mucho en vosotros continúa siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, e incluso ahora es el hombre más mono que cualquier mono. Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma. Pero ¿os ordeno yo convertirse en fantasmas o plantas? ¡Mirad, yo os enseño el superhombre! El superhombre es el sentido de la Tierra. Diga vuestra voluntad: ¡''sea'' el superhombre el sentido de la Tierra! ¡Yo os conjuro, hermanos míos, ''permaneced fieles a la Tierra'' y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no. Son despreciadores de la vida, moribundos y ellos mismos envenenados, de los que la Tierra está cansada: ¡ojalá se larguen!<ref name="Dahinfahren1">''Dahinfahren''. Nietzsche utiliza aquí el término empleado por Lutero en su traducción de la Biblia para indicar el «tránsito» (a la otra vida).</ref> En otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios murió, y con Él murieron también esos delincuentes. ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y tener en más las entrañas de lo inescrutable que el sentido de la tierra! En otro tiempo el alma miraba con desprecio al cuerpo: y ese desprecio era entonces lo más alto - lo quería flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse de él y de la tierra. Oh, también esa alma era flaca, fea y famélica: ¡y la crueldad era la voluptuosidad de esa alma! Mas vosotros también, hermanos míos, decidme: ¿qué anuncia vuestro cuerpo de vuestra alma? ¿No es vuestra alma acaso pobreza y suciedad y un lamentable bienestar? En verdad, una sucia corriente es el hombre. Se tiene que ser ya un mar para poder recibir una sucia corriente sin volverse impuro. Mirad, yo os enseño el superhombre: él es ese mar, en él puede sumergirse vuestro gran desprecio. ¿Cuál es la máxima vivencia que vosotros podéis tener? Que llegue la hora del gran desprecio. La hora en que incluso vuestra felicidad se os convierta en náusea y eso mismo ocurra con vuestra razón y con vuestra virtud. La hora en que digáis: »¡Qué importa mi felicidad! Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar. ¡Pero mi felicidad debería justificar la existencia misma!« La hora en que digáis: »¡Qué importa mi razón! ¿Anda tras el saber como el león tras su alimento? ¡Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar!« La hora en que digáis: »¡Qué importa mi virtud! Todavía no me ha puesto furioso. ¡Qué cansado estoy de mi bien y de mi mal! ¡Todo esto es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar!« La hora en que digáis: »¡Qué importa mi justicia! No veo que yo sea un carbón ardiente. ¡Mas el justo es un carbón ardiente!« La hora en que digáis: »¡Qué importa mi compasión! ¿No es la compasión acaso la cruz en la que es clavado quien ama a los hombres? Pero mi compasión no es una crucifixión.« ¿Habéis hablado ya así? ¿Habéis gritado ya así? ¡Ah, ojalá os hubiese yo oído ya gritar así! ¡No vuestros pecados - vuestra moderación es lo que clama al cielo, vuestra mezquindad hasta en el pecado es lo que clama al cielo!<ref name="ClamarAlCielo">«Clamar al cielo» es expresión bíblica. Véase ''Génesis'', 4, 10: «La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra» (palabras de Yahvé a Caín). Como hace casi siempre con estas «citas» bíblicas, Zaratustra confiere a ésta un sentido antitético del que tiene en el original.</ref> ¿Dónde está pues el rayo que os lama con su lengua? ¿Dónde está la demencia que haría falta inocularos? Mirad, yo os enseño el superhombre: ¡él es ese rayo, él es esa demencia! – Cuando Zaratustra hubo hablado así, uno del pueblo gritó: »¡Ya hemos oído bastante del equilibrista; ahora, ¡veámoslo también!« Y toda la gente se rió de Zaratustra. Mas el equilibrista, que creyó que las palabras iban por él, se puso a trabajar.⏎ ⏎ ===4=== Mas Zaratustra vio a la gente y se maravilló. Luego habló así: El hombre es una cuerda, amarrada entre el animal y el superhombre - una cuerda sobre un abismo. Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso caminar, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse. (contracted; show full)[[Categoría:Obras literarias de Friedrich Wilhelm Nietzsche]] [[Categoría:Así habló Zaratustra]] [[Categoría:Literatura alemana (Títulos)]] [[en:Thus Spake Zarathustra]] [[fr:Ainsi parlait Zarathoustra]] [[hy:Այսպէս խօսեց Զրադաշտը]] [[pt:Assim falou Zaratustra]] All content in the above text box is licensed under the Creative Commons Attribution-ShareAlike license Version 4 and was originally sourced from https://es.wikisource.org/w/index.php?diff=prev&oldid=570505.
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